24 de noviembre de 2016

el acuario

“Todo sigue igual de bien” es la frase con la que me despierto esa mañana, otra vez en una cama desconocida, con la boca pastosa por el gin y la mezcla de salivas. Casi que escucho la voz rasposa del Pity Alvarez pronunciando con la simpleza del que entiende las líneas de esa canción que en cada viaje cantamos con el hermano que me dio la vida pero no la sangre.
Sábanas blancas, aire acondicionado en 18 y una rubia de la que no recuerdo ni el nombre al lado mío, despatarrada en un sueño profundo y dócil, esos en los que navegás una vez que te sacaste todo lo adentro, la mochila y los pudores, y lo tiraste en un mordisco de carne. Sigiloso pero sin demasiada importancia, camino hasta el baño esquivando la ropa que nos arrancamos horas atrás, furiosos por el pasado, temerosos del futuro y náufragos de un presente esquivo y con gusto a poco, que intentamos llenar con nosotros mismos. El espejo me devuelve la imagen de alguien que está aprendiendo a respirar, cansado por las corridas pero con ojeras tatuadas que lentamente se van desdibujando a medida que la presión de la rutina se diluye y el placer de la nada entra: saber soltar cura todo (hasta la piel).
Encuentro el bóxer bajo una pila de cosas pertenecientes a una vida que no voy a conocer pero en la que, durante unas horas, fui actor principal. Me visto en los pies de la cama, prendo un pucho y me pierdo entre volutas de humo bailar, filosofando sobre la liquidez de las relaciones actuales, el tiempo y todos esos existencialismos que por años leí para intentar comprender un mundo abstracto y distante, hasta que me doy cuenta que la verdad  no existe, los filósofos son pensadores por un cheque y los lazos carecen de catálogo; las personas van por la vida buscando algo sin saber que encontrar.
El sol pega fuerte en el país azteca, la luz es más clara, la cocaína más fácil y la gente más cálida, producto de una historia cruda llena de sangre y sudor (las lágrimas se las queda su primo cool del norte, detrás del muro que el magnate va a hacer construir con el dinero de su fuerza de trabajo e impuestos). Es mi último día en el paraíso, mañana estaré entre vuelos y fuera de tiempo, perdido en los cambios de horario para llegar a casa, sitio al que desde hace rato no siento hogar. Me desvío en las callecitas de esa ciudad de contrastes en las que se levantan resorts y agachan pobres con la misma facilidad y velocidad. Observo y guardo los valores, olores y sabores que voy metiéndome en el cuerpo, especialmente hoy, hoy que estoy solo, hoy que puedo volver al silencio cristalino que busco esos días en los que las ideas pesan y el pecho se cierra.
Me siento en la cafetería gringa por excelencia (esa que te permite personalizar la bebida y sentirte un individuo porque una cajera a la que le pagan 9 dólares la hora te llama por tu nombre de pila) a escribir y mirar el mundo pasar, cuando la veo. Silueta dibujada, mirada adolescente y andar despojado, una modelito en potencia de piel trigueña que levanta los ojos y sonríe con las pupilas.
Click.
Se pone al final de la fila para pedir su frappuchino y me paro al lado (necesitaba un refill de todos modos), estudiando sus movimientos e imperfecciones. La cajera hace un mal chiste, la chica se ríe y recojo el guante, metiendo en el momento exacto un bocadillo preciso con pulso de cirujano: gol de media cancha. Fue mi tío (que estuvo cuando chico y con los años se terminó transformando en un fantasma de navidades pasadas y recuerdos que me hacen sonreír) el que me dijo, cuando yo tenía 8 o 9 años, una frase que me quedó grabada en la memoria para toda la vida. “Tomasito, es todo cuestión de timing”. Yo, que era gordito y aniñado, me quedé mirándolo pensando en qué sería el timing, que para mí sonaba a algo raro, lejano y adulto. Pasaron años de gimnasia y golpazos hasta que comprendí la posta que me había tirado.
Timing, las cosas se definen por el momento, el instante, el segundo; así de finito y volátil es todo.  
-No sos de acá vos, tenés olor a otoño-dice mientras le pone canela encima al café, indiferente pero sutil-. Eso diría mi abuela: la gente de playa tiene olor a mar.
-¿Y vos qué dirías del otoño?
-Es el momento más estético pero más nostálgico del año, siempre me gustó el otoño, es confortable.
Su voz es un susurro cargado de franqueza y vergüenza por la certeza de haber sido demasiado sincera con un completo desconocido. Fascinada por aquello que no sabe por qué exactamente pero le hizo pronunciarse de forma más libre de la que suele hacer.
-Es bueno saber que te recuerdo a algo confortable-respondo atento, claramente hay más de lo que se ve y muestra-. Me voy tranquilo sabiendo que alguien me observó así.
Caminamos juntos hasta la puerta, salimos y seguimos. Me pregunta quién soy, qué hago ahí y a dónde me voy. Las imágenes concretas me hacen vibrar los recuerdos y las respuestas se dan por inercia, mi mente sigue despierta pero las manos se cosquillean, hay algo en el tono que me hace pensar en Amor Amarillo, ese disco que escuché hasta el hartazgo y que me tira a un momento en el que me sentía en casa.
-Me quiero tirar sobre el pasto a mirar como gira todo.
-Vení-me responde confidente-.Yo te llevo.
Me agarra de la mano y empezamos a caminar, los preconceptos paranoicos del que vive en una ciudad tercermundista me dicen que es medio jugado que me esté dejando llevar por una desconocida en una ciudad donde los índices de afanos son más altos que en el Conurbano, pero no me importa. Callo a la conciencia por un segundo, hay algo en mis ojos que describen libertad y confianza. Llegamos a una laguna donde no hay un alma pero me siento acompañado, estoy bien y no quiero cambiar ni un poco.
-A veces me pregunto por qué las cosas que hoy me pasan son mejores que las de ayer, y sin embargo no las siento así-pronuncia casi para sí misma, con la mirada perdida en el agua-. Es como que extraño cosas que ni recuerdo.
-El tiempo se te escapa sin que te des cuenta, estoy cansado de despertarme y notar que ni me tomo 2 segundos para guardar lo que me pasa y no dejarlo pasar.
-¿Sos feliz?
-Creo que la felicidad es un conjunto de momentos en los que uno se siente pleno.
-No respondiste mi pregunta.
-Porque no tengo suficientes de esos momentos para darte un sí.
Entiende el concepto y me sostiene la mirada, atravesándome y mirándome como si fuese una radiografía.
-Yo tampoco.
Dejo que me agarre la mano.
-Nadie dice que es fácil.
El sol se mueve sigiloso pero seguro a medida que la tarde se abre y las horas pasan. Absortos y ajenos a un tiempo que no se detiene, seguimos desnudando nuestras verdades con la transparencia de esos que se aprecian de verdad. Creo que ni recuerdo la última vez que me abrí tanto, transito atado a una vida inconsciente que me hace mecer entre la satisfacción efímera de logros intangibles y el desconcierto capital que se genera al ver como los días pasan y la sensación de vacío incrementa; después de la euforia siempre viene el caos (bajar es lo peor).
-Tus ojos sonríen más de lo que crees-irrumpe repentinamente después de unos segundos de silencio perdido entre las olas-.Tenés esa seriedad del que ha pasado mucho, pero yo veo más allá.
Mi cuerpo permanece pero mi mente retrocede a mi adolescencia, ella sabe que ya no estoy, que me fui, pero no interrumpe la pausa, la observa, atraída por la ansiedad de saber a qué lugar me habré ido. Recorro el jardín de Acassuso, esas paredes que me acobijaron en los momentos de mayor felicidad y mayor tristeza, en las que viví el amor por primera vez en la piel y tuve la despedida más grande que hasta el momento tuve que soportar. Esa casa, que fue mi hangar, mi altar, me recibe con la puerta abierta. Pasarán años hasta que pueda desprenderme de ese recuerdo constante, esa zona de rombos que me recibe cuando la cabeza necesita desconectarse y bañarse en nostalgia.
El cielo se oscurece dando paso a una luna roja que tiñe todo y musicaliza las retinas con sabor animal. Caminamos envueltos en una conexión que no se puede comprar, y es verdad. Miro en mi teléfono la hora y cuento el tiempo que me resta hasta irme al aeropuerto, y repaso la experiencia vivida en las últimas semanas, en esta burbuja temporal que creé antes de explotar y mandar todo a la mierda. Suele ser duro aprender, especialmente a respirar.
-Dado que nos quedan minutos, y las chances son que no nos volvamos a ver nunca más, voy a decir algo con sinceridad bruta, y propongo que nos mantengamos así hasta que te subas al micro-le digo a modo de apertura-. Si no somos sinceros ahora, ¿cuándo lo vamos a ser?
-Sinceridad bruta-repite aceptando como un soldado.
-Odio haberte conocido mi último día y al mismo tiempo creo que es la mejor forma de terminar este viaje.
-No me sentí así en años-reconoce mirándose los cordones de los borcegos.
-No me quiero ir.
Acepta la caricia pero se siente como un golpe en la boca del estómago, ella tampoco se quiere ir. Nos despedimos en silencio y en medio de un abrazo digno de una película de Linklater, esos abrazos en los que 2 se mezclan en uno y te impregnás la nariz con el aroma del otro, como arrancándole un pedacito para llevártelo con vos; un robo blanco para guardarlo en la memoria.
La caminata de vuelta es con una media sonrisa desdibujada con letargo en mi cara, un contento gris de haber sentido algo que me hace saber que hay un pellizco ahí, donde pensé que estaba todo apagado. Me saco las ropas que ya no necesito y me tiro al lado de la pileta en un hostel vacío, en el que todos se fueron a un bar, boliche o la fiesta de turno, a la que en cualquier otra noche estaría participando. Mojo los pies en el agua y me recuesto a mirar el cielo sin pensar, recordando lo último que nos dijimos.
-Me siento un axolotl, como en el cuento de Cortázar ¿lo leíste?- asiento maravillado de que esté citando la historia que me hizo conocer la literatura argentina-. El personaje se transformaba en aquello que tanto lo desvelaba, y se terminaba mirando a si mismo detrás del vidrio del acuario. Hoy me siento así, rodeada de agua, mirándome casi sin reconocerme por lo cómoda que me siento.
-Hoy sos un axolotl.
-Hoy sí.
-Mañana ya no.



25 de octubre de 2015

letra chica

Te despertás con la extraña sensación de vivir en un país previsible, con reglas claras y números ordenados que te permitan planificar a largo plazo, quizás hasta –si el tatuaje noventoso de la fantasía importada del sueño americano aún late nostálgico en tu corazón dolarizado- imaginarte con la casa grande, los chicos y el perro Golden esperándote al volver del laburo. Esto, que parece un momento sacado de una mala publicidad de la familia kodak, es algo a lo que más de un argentino promedio aspira alcanzar en un futuro –con un poco de suerte- no tan lejano. Sin embargo, la calma y estabilidad no depende de nosotros, sino de 3 o 4 tipos que tomen las riendas del carnaval macroeconómico que viene gestándose desde el 2009 (siendo optimista) y ordenen un poco la fiesta, que en esta ocasión, verdaderamente no se sabe cómo se va a pagar.
Para esto, los gurúes nunca faltan, y más aún en tiempos de elecciones como los que nuestro deber cívico nos obliga a atravesar en este año tan particular como el 2015. Así, los 3 candidatos con más chances de ocupar el tan ansiado sillón de Rivadavia se reparten su escaso tiempo entre flashes, spots publicitarios que destacan por su creatividad y vacío contenido y sonrisas Colgate impuestas por sus cientos de asesores. Bajo la fiebre de poses y muletillas aprendidas de guión, dejan a sus especialistas económicos tomar cierto protagonismo porque, admitámoslo, nadie quiere ser la vedette de una obra sin público que pueda comprar sus entradas. Así reaparecen del placard de los recuerdos (algunos más lastimosos que otros) los esqueletos naranjas, amarillos y rojos. Todos con el verdadero secreto de la Sibarita, la solución magistral para el bolsillo peronista de un país que se mece en la indecisión pendular de putear a los yanquis por imperialistas y veranear en Miami.
El equipo del menemista devenido en progre que hoy lidera el espacio oficialista lo comanda Miguel Bein, reconocido asesor económico que suena como posible Ministro y se caracteriza por andar con muchas menos vuelta que sir Axel Kiciloff, demasiado ocupado demonizando a los malvados del norte y luchando contra esas aves conspiradoras que quieren voltear al único gobierno nac&pop por temor a su triunfo. Bein apunta al concepto de desarrollo para despegarse del curso actual que ha tomado el relato k, y habla de reorientar el foco hacia un énfasis en la inversión y no en el consumo: una manera educada de marcar el error conceptual que ha devenido en la crisis actual. Reconoce la inflación como una de las preocupaciones más serias a las que se tendrá que abordar, con un plan de 4 años para bajarla a un digito, aclara la necesidad de llegar a algún arreglo con los holdouts que le permita al país volver al crédito y el reforzamiento de las reservas ya que, como declaró para El Cronista, “El Banco Central quedó corto de liquidez”. La mayor incógnita está en cuánto podrán cambiar ante un panorama cercado por kirchneristas “puros” y hasta qué punto Scioli sacará pecho y, finalmente, se revelará.
Cambiemos propone desde su marketinero nombre el rumbo al que apuntan: uno nuevo (¿o viejo conocido?) que reactive una economía que hace 4 años que no crece. Carlos Melconian y Federico Sturzenegger son dos de los destacados del equipo de Macri, el primero más liberal y el segundo más desarrollista, que hacen hincapié en diferenciarse del caos populista del período kirchnerista. ¿Cómo plantean arreglar los platos rotos? Con una suerte de shock no tradicional que reactive la actividad evitando al máximo un simbronazo a las clases populares que puedan devenir en la profesía nacional: no se puede gobernar sin una base peronista. Para esto, prometen medidas riesgosas que pueden salir muy bien o muy mal, como levantar el cepo desde el primer día, realizar una devaluación abrupta al tipo de cambio real, una contención paulatina de los precios para bajar la inflación y arreglar con los fondos buitres. La principal diferencia entre Mauricio y Daniel, sorpresivamente para los más fanáticos, no está en el qué sino en el cómo.
Por último, el renovado Massa, a quien daban por muerto e inteligentemente ha sabido resucitar entre las cenizas más derechistas del peronismo clásico, va acompañado por Lavagna a cuanto acto le organizan, y luego de una catarata de adulaciones empalagosas, se escuda detrás del verdadero ideólogo de la recuperación post 2001. Incisivo y comercialmente sabiondo, el economista encara con el plan de 100 días para levantar el cepo, la devolución del 82% móvil de los jubilados, el cese del impuesto a las ganancias en cambio del impuesto al juego y el proyecto pro inversión. Ahí nomás, cuando todo se torna demasiado complejo para el votante medio, sale Sergio con algún titular que asesina sus posibles simpatías con los progresistas, llamando a las Fuerzas Armadas como la solución contra el narcotráfico o la majestuosa idea de bajar la edad de imputabilidad a 14 años.

Así se ve que, paradójicamente, las diferencias entre los tres son en algunos puntos, más una cuestión de envoltorio que de contenido. Estos son los candidatos que hemos elegido, los envases en los que depositamos el destino de 40 millones. Después no nos quejemos de cuan vacío está el paquete. 

1 de abril de 2015

mordisco

-No podés bancar lo obsceno- dice envalentonada mientras intenta calentar un aire ya denso de tanto vapor y fluidos, y se sirve más whisky en el vaso recargado. –No me importa lo que pienses, ni vos ni nadie-. Y ahí, automáticamente, pienso para mí mismo: ay no, ahí viene otra catarata de pensamientos seudo inteligentes de una veinteañera que roza los 30 y está enojada con el mundo por haberla pasado por arriba sin siquiera haberle dejado una buena foto de recuerdo. Las que están en Facebook, Instagram o sea cual sea la red social de moda, son posadas, fabricadas, tan falsas como sus siliconas. Tiene el maquillaje negro de los ojos corridos, me pregunto si por el vacío que le viene después del sexo o el estadío existencial en el que está ahora, medio en pedo medio filósofa, despotricando contra todas las mentiras que el universo te dice desde el momento en que abrís los ojos.
Mientras tanto me estiro en la cama, tan desnudo como ella pero con reservas: sigo drogado con su escote y la calma, que la boluda está empezando a quebrar con tanto maniqueísmo verbal, me empuja para abajo, a una relajación sincera que me hace ver, claramente, que ninguno de nosotros puede salvar el mundo. Y ahí sigue, anticipando el giro que va a dar su discurso hacia la peligrosa esquina de la nostalgia, cuando empieza a detallar cómo las cosas antes eran mejores, como mi generación se perdió lo que valía la pena, nacimos demasiado tarde para ver en vivo a Nirvana, el auge del cd y todo lo bueno que el fin de siglo parecía traer, incluido el primer éxtasis de las raves, ese con la pureza que traían los yanquis y ahora ya no se consigue: hasta el vuelo de nuestro días es mediocre.
La liquidez de la que hablaba Bauman es mucho más cierta de lo que se suele creer: nos dirigimos a un mar abandonado, absoluto y atestado de besos sin sentido y vellos púbicos que se entrelazan por el simple placer carnal y momentáneo de la falsa sensación de unidad, de la que en cuanto salimos del delirio generado en el acto queremos correr. La hipocresía avanza en todos los términos, la gente ni siquiera se molesta en molestarse.
Rodás hasta mi parte del colchón y pasás tu mano por mi pecho. Te sorprende que en una sociedad mediatizada y estandarizada todavía encuentres un chico vintage y análogo que escucha vinilos y no se depila el pecho. Bajás y subís el índice por el esternón hasta el ombligo, mirando hipnotizada el movimiento que mis pulmones le dan al cuerpo, al entrar y salir cuando el aire escapa. –Si esto no es conexión, qué lo es?- preguntás más para vos que para mí, mientras mirás de costado tu teléfono en la mesa de luz prender y apagar su luz de notificación. Mi silencio te hace sentir cómoda, la duda de si me chupa un huevo lo que decís o estoy analizando por lo bajo tu encrucijada te encripta, te sostiene, y te da la oportunidad de dejar de pretender, aunque sea por 5 minutos, que sos otra persona, alguien mejor, más sonriente, más fabricada, más ajustada a lo que se supone que tenés que ser.
Este podría ser mi momento, podría intentarlo. Bastaría con solo abrir parte de la canilla para que la catarata de esencia inunde el cuarto y me puedas conocer verdaderamente. –Estás despierto?- preguntás fuerte, sin dudar de mi somnolencia sino para que salga del ensimismamiento que tan sola te hace sentir a pesar de tenerme al lado. –Estoy acá- te respondo mirándote a los ojos. –En qué estabas pensando?- avanzás dudosa, poniendo tu cara sobre mi pecho y haciendo contacto visual, algo poco habitual en estos tiempos donde Tinder es más efectivo que un bar. –En que tenés olor a lunes- te respondo y te derretís, apreciás por primera vez algo que te hace pensar y sentir al mismo tiempo, y te mordés el labio con una sonrisa que no podés controlar. –Vos tenés olor a 90`s- me retrucás entre el cariño y el excite. El tocadiscos suena mientras alargamos el silencio, y escuchamos como Damon Albarn y sus compañeros de Blur hablan sobre estereotipos y universalidades.
Miro como se debate en tu interior la fiebre desangrada de palabras encantadas, te sentís como en el fin de un largo viaje, como un suave aterrizaje en el que el reloj no atrasa ni adelanta.             –Querés dormir un rato?- me preguntás conteniendo un bostezo –Yo no duermo con mujeres- sonrío serio. Es peligroso dormir con una persona, es probablemente el momento de mayor vulnerabilidad y cercanía que se puede tener. No intento hacerme el terapeuta berreta, pero garchar garcha cualquiera y de cualquier forma. No hay necesariamente verdadera conexión, es físico, es mecerse en un columpio de manos, transpiración y mordiscos. Dormir supone un paso más, una verdadera aceptación, una entrega que no estoy dispuesto a dar. –Y lo que acabamos de hacer como lo denominás?- susurrás mientras te subís arriba mío, rozando con tu cintura la erección que tanta parafernalia sexual me genera, variando entre aburrimiento y brazas. –Lo que te acabo de hacer es todo menos dormir, no te parece?- entrecierro los ojos y te recorro con la mirada. Dejás de sonreír por un minuto y no te dominás a tiempo, te sale la minita de adentro –te importo un poco aunque sea o soy una chonga a la que llamás cuando te aburrís?- soltás mientras te sentás en mi cintura, expectante. Temés la cruda sinceridad por sobre el confort de la mentira. –De dónde salió esa femenina vanidad?- pregunto con sorna –no es mejor simplemente estar y dejarme acariciarte?
Te bajás y acostás a mi izquierda: venías por el centro pero resbalás hacia la utopía de un sentimiento comunista que solo se encuentra en manuales antiguos y películas con finales felices. Tus piernas son un coro, las recorro como un rayo y no caigo, aguanto. Me mirás desde tu infierno y te confesás “Quiero volver al kilómetro 0”. Sé que te estás abriendo, me siento perverso porque no sé si tengo el coraje ni el deseo de bancarte en este trago globalizado que el lado salvaje tatuó en tu pobre e industrializada alma.
Permanezco en silencio, se apaga el lívido porno que te trajo e invitó hasta acá. Aflojo la coraza pero te advierto, para que no te confundas, que no me interesa una confesión careta, no quiero juegos ni conversaciones universitarias, no necesito palabras –Si esto es lo que querés, esto es lo que tenés-. Procesás el aviso y lo bajás indefensa. Se mezclan tus puntos de vista, tu parte inconstante, tu edificación posmoderna que te ha convertido en un espectro estético y cesante. –Qué es lo que te hace ser tan distinto?- aventurás intrigada –Qué tenés que te hace bancarlo más?
Medito antes de responder, lo políticamente correcto me importa tanto como la gente que muere por TV y la decencia que imploran desde religiones que flotan entre mierda. No estoy libre de duda, ni de culpa, por eso tiro la primera piedra.

-Algunos no nacimos para morir- te digo mientras te sostengo la mano, abandonando ese trance indiferente que el desierto de los 2000 nos ha inculcado.

18 de febrero de 2015

la plaza

La última gran chance opositora llegó. Hoy, miércoles 18 de Febrero, gran parte del espectro contrario al Gobierno marchará en pos de mayor libertad de Justicia, aunque los oportunismos políticos no están ausentes en esta movilización que, se espera, sea masiva en distintos puntos del país, entre los que se destaca su centro neurálgico, allí donde estarán en primera fila la Jueza Arroyo Salgado (ex esposa del difunto Alberto Nisman), en compañía de la hija mayor que la letrada tuvo con el fiscal fallecido, cuyo comienzo partirá de Avenida Congreso y culminará en Plaza de Mayo.” El control de la calle ha sido clave para la permanencia de los gobiernos hasta la conclusión de su mandato” declaraba a modo de apertura el colega Horacio Verbistky hace tan solo unos días, cuando destacaba la importancia que tiene la adhesión callejera sobre la subsistencia de los aparatos políticos. Si alguien conoce bien la trascendencia estructural de una Plaza de Mayo colmada, son precisamente los movimientos apoyados en figuras carismáticas cuyo saludo por el balcón hacia la masa ha inmortalizado más de una foto. De la misma manera se le teme, cuando el clamor popular no se basa en cánticos partidistas y gritos teológico-políticos, pues un paso en falso puede significar caer en la hoguera. Alfonsín, De la Rúa y el mismo Perón saben muy bien de esto, y el kirchnerismo, a pesar de su reconocida ceguera antes los malos tragos, también lo advierte –aunque para sus adentros, el orgullo populista nunca se manifiesta frente a los enemigos, ¡Es signo de debilidad!-.
A pesar de que esta es una manifestación en teoría carente de partidismo –una de las premisas que vociferan los 5 fiscales organizadores ante cada micrófono que Clarín y La Nación les acercan, sonrisa de por medio- los actores políticos no olvidan que este es un marco en el que las PASO se acercan cada vez con mayor ímpetu, y ven en esta una oportunidad no solo para acompañar en silencio las nobles causas que pueden encontrarse en esta manifestación (como en muchas otras que no gozan de la cobertura que los medios hegemónicos le propician a este episodio) y actúan; tejen la telaraña discursiva en la que intentarán atrapar las moscas votantes a las que buscarán encantar para que introduzcan su boleta en la urna pluralista antes de devorarlas con sus devenires políticos y apetitos personalistas. Así, los presidenciables se paran frente a la marcha midiendo el resultado que las nuevas encuestas le podrían arrojar. Macri, referente del Marketing Político, haciendo un uso telegénico de sus habilidades en redes sociales, compartió hoy temprano una foto blanca, con la inscripción “18F” en negrita, acompañado de la leyenda “Sólo la verdad nos hará libres". Esta filosofía con guiño católico se pronuncia el mismo día en el que el Papa Francisco recibe, en el Vaticano, a algunos familiares de las víctimas del atentado AMIA que no participarán de la marcha. En la política, como en la vida misma, no existe el azar. Será cuestión de esperar y ver si este es simplemente un gesto hacia la Iglesia por parte del líder del PRO, o una nueva manifestación -¿Cuándo no?- de la esencia liberal que arrasa la génesis del Jefe de Gobierno porteño. Massa va a dar su presente acompañado de sus conejitos para la gobernación de la Provincia, aunque hasta hoy son tantos y de tan diversas características, que estarían analizando el realizar una marcha propia, -silenciosa, claro está: cuando el pueblo pide prudencia, prudencia hay que darle-. “El grito del silencio va a retumbar en cada rincón del país” declaró el tigrense a Infobae, dando claras muestras de que si su carrera en la política no funciona, tiene un futuro asegurado como poeta para analfabetos.  Scioli, por su parte, estará ocupado en el acto que el kirchnerismo tiene planeado para hoy a la tarde – ¡Qué casualidad!- en el que Cristina inaugurará la ampliación de Atucha, llamada –sorpresivamente- “Central Nuclear Néstor Kirchner”. Aplaudir, agachar la cabeza, mantenerse con fe, con trabajo, con solidaridad, y con las 3 o 4 conceptualizaciones que ni debe entender pero le recomendaron que se aprenda y recite monótonamente, le ha funcionado hasta ahora al ex piloto cuya carrera deportiva finalizó con el dramático accidente que le costó su mano derecha. Debería cuidarse el Sr. Gobernador de que la política no le quite otra facultad, pues hay cosas, como la dignidad y el amor propio, que si se pierden, no regresan.
 La primera mandataria, además de estar ocupada visitando la planta ubicada a 115 km de Capital Federal, y preparando el discurso que recitará frente a los monos aplaudidores – ¡Público difícil!-, pasó el fin de semana teñida por la imputación con la que se desayunó el viernes.  "La decisión deliberada de encubrir a los imputados de origen iraní (...) fue tomada por la cabeza del Poder Ejecutivo Nacional, la Dra. Cristina Elisabeth Fernández de Kirchner e instrumentada principalmente por el ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación, Sr. Héctor Marcos Timerman", había declarado Nisman, quién horas antes de presentar su defensa frente al Congreso aparecería muerto en su departamento de Puerto Madero, crimen que día a día se embarra más y está lejos de esclarecerse.  El fiscal Gerardo Pollicita, quien maneja la denuncia que realizó Nisman, avanzó no solo sobre Cristina y Timerman, sino también sobre “El Cuervo” Larroque, Fernando Esteche y el polémico Luis D´Elía, que cuando no está clamando por “AMOR, AMOR AMOR” en Intratables, utiliza su twitter para chicanear a Tinelli: la peor figura a la que el kirchnerismo podría haber hecho enojar. Para Aníbal Fernández, Dr. en Protocolo y Ceremonial, “Imputar a la Presidenta sería una maniobra de desestabilización democrática”. Una y otra vez, el modelo recurre a las mismas explicaciones conspirativas para dilucidar las entrañas de los problemas coyunturales con los que se topa en su camino. Tarde o temprano, los defensores pragmáticos del populismo k, retomarán la obra de Gramsci –pensador que utilizan habitualmente, aunque un poco a la ligera- y entenderán que no se puede utilizar justificaciones monocausales para comprender realidades complejas.
Héctor Timerman, compañero de imputación, reiteró más temprano su pedido (no escuchado hasta el momento) a Estados Unidos para incluir el tema AMIA en la conversación que mantiene Washington con Irán. El gobierno de Obama, que entabló conversaciones por temas nucleares con Tel Aviv, respondió con una negativa ante el lacónico encargo que el Canciller argentino elevó. ¿Qué esperaba Timerman? En el exterior se leen los diarios, se escuchan las declaraciones y la palabra, aunque aquí se la lleve el viento y los maletines con dinero, queda impresa. Hace años que juzga la actividad norteamericana, realiza elucubraciones mafiosas con tendencias golpistas y la Presidente misma afirma, en declaraciones extraídas de un cuento de Agatha Christie, “si me pasa algo, miren hacia el Norte”. Al Sur no hay que mirar, claro está, pues allí solo hay cadenas de hoteles, sospechas de lavado de dinero y pingüinos amigos (nada misterioso).
La esfera económica también sacudió la patológica calma del loco que no quiere/puede ver su realidad, que caracteriza al kirchnerismo. El acuerdo comercial con China, que pasó casi inadvertido por la Causa Nisman, tuvo una reacción instantánea por parte de los dirigentes de la UIA, quienes exigieron conocer las cláusulas secretas que contenía el convenio y, a pesar de que luego de la reunión con Cristina bajaron la marcha, hacen saber, de buenas y malas maneras, que no dan el brazo a torcer. Aunque los empresarios decidieron descansar el fin de semana largo –probablemente para disfrutar  el Carnaval y demostrar sus dotes artísticas en el corso- hoy el representante de Techint, Enrique Mantilla, avanzó nuevamente y declaró, en relación al acuerdo, que “es una adaptación pasiva a la política comercial de Beijing, consistente en (intercambiar) infraestructura y bienes industriales por commodities”. El pacto con China, se sostiene, va en contra de la alianza estratégica que se tiene con el Mercosur, y muestra nuevamente que los grupos tradicionales de industriales argentinos le cierran las puertas a los inversores -¿O invasores?- que provengan del gigante asiático puesto que son financiaciones cuyo claro beneficio queda en manos chinas (¡Y las inversiones ni siquiera son en dólares!). Cuidado, los escrúpulos también se negocian, y si no se cree, basta con observar la historia del Grupo Rocca, Techint, Macri y otros tantos más, que se manifiestan PRO industria nacional, pero cuando las ganancias no satisfacen, bajan el pulgar.

En este marco se mueve Cristina, que hoy deberá soportar una expedición por su cabeza, esa que estará liderada por un sector de la Justicia que clama por seguridad e independencia de poderes, ese viaje que comienza en el pulmón de la Ciudad de Buenos Aires y termina en el corazón de la democracia, en esa plaza, frente a la única casa, en la que convergerá ese éxodo de funcionarios amigos del campeón, que ahora, le piden que tire la toalla. 

29 de diciembre de 2014

la hipoteca

No hace falta mucho para contentarme. Soy el símbolo de que lo simple suele ser lo más complicado. No encuentro emoción ni devoción, se me hacen difíciles las cosas más fáciles, tengo una cura que no encontró ningún doctor, una vida privada que no existe, completa de besos que se apagaron en un silencio violento y real.
Acá, sentado viendo el amanecer en el marco de esa ventana desde la que se ve el rio, uno casi que puede volver a nacer y aprender. Sin embargo no te equivoques, las personas no cambian de verdad, no te asustes que ganar y perder es lo mismo, el resto siempre se lo queda el dueño. Mirá, tené cuidado, esta escena puede parecer salida de una fotografía asepiada con ínsulas artísticas, pero nada más lejano. No sé lo que me pasa, pero tampoco creo que lo vaya a saber.
El humo del sahumerio me envuelve en un halo místico y sensitivo, siento la mezcla del aroma ámbar que se encuentra y desencuentra en un espiral in eternum, una danza afrodisíaca que emula el cotejo de dos cuerpos desatados que se atan, para volver a desatarse. No tenés que pretender conmigo, no me importa cuánto vales, veo más de lo que hay para ver.
Te miro pasar, con las piernas apoyadas y envueltas por mi brazo en una posición casi natal, y volvés tus pasos atrás. Cruzás la puerta temerosa, y te parás frente al ventanal, intentando no despertarme de mi ensoñación para no engañarme a saber. -¿Estás bien?- oigo que pronunciás casi en un susurro enamorado, te preocupa mi profundidad pero apenas duele, en el fondo es lo que más te gusta de mí. –Si estoy con vos, estoy bien- te respondo con una sonrisa incipiente. Mi respuesta te llena pero no completa, y te perdés mirando el humo preguntándote si  de un momento a otro se puede desvanecer mi presencia. Descansás parada, sosteniendo la pared que en cualquier momento se cae. –Estaba pensando en cuando éramos chicos- te digo, alargando el después. No solemos hablar de aquella época en la que Menem hizo la broma pesada de la importación del sueño americano. A nuestras familias les pegó fuerte la fiebre del `99, y no sobrevivieron la muerte del 2001. Padres divorciados por la presión en el pecho de una crisis que atrasaba el esfuerzo de 30 años, el no poder rehacer lo deshecho, palabras tenues y espíritus desangrados que habían hipotecado la esperanza.
Enfoco la mirada hacia el río mientras te sentás en la cama y envolvés tu espalda con mi manta, esperando que te cuente lo que atormenta mi calma. Es increíble la sensación de interior revuelto que me da mirar el agua… uno se retrotrae a momentos ahogados, en los que es difícil ser un caballero y no mandar a medio mundo a la puta que lo pario, mientras te mecés en un columpio de rabia, tristeza y lamparitas quemadas. -¿Sabés cuál es la mejor solución? No hay que olvidar lo que no puede olvidarse.- te suelto y me escuchás, recordando por dentro tu quimera de ilusión dolarizada. Me mirás pero no enfocás. Estás reviviendo cuan liviana te sentías cuando todo era barato y la vida no costaba nada. –Me acuerdo el día que papá perdió su laburo, ese para el que había dado su vida y vendido el alma, esa multinacional yanqui que lo definía y completaba probablemente más que ninguna de nosotras- arrancás abriendo el recuerdo y haciendo referencia a tu vieja y 2 hermanas –no me voy a olvidar más la mirada que tenía, sentado en el living de casa en boxers, como si no mereciera usar el traje elitista que significaba ser alguien, con la tristeza dopada de a quien la vida se le terminó, de a quien no le queda más cuerda-. Te callás y tragás, saludando el pasado y sintiendo la punzada de ese dolor que mutó en herida, en cicatriz, en humedad y luego en mito.
-¿Vos de qué te estás acordando?- me preguntás curiosa de saber cuánta perdida tuve en mi infancia madura. –Pienso que es más fácil comprar una casa que hacer un hogar- te digo intoxicado por la historia. Nos sumergimos en el atrás pero con una melancolía optimista, esa que tienen los que han nadado en el abismo y ahora se recuestan al mar.
Me contemplás como a alguien lejano, que está sin estar. Ya sé que me voy, pero siempre vuelvo. Casi todas las mañanas te encuentro y me pregunto cómo hacés que los cielos nublados tengan sol. Los padecientes del miedo se pasan los días temiendo la próxima explosión, la vida no termina donde vos crees.
Ahora, que pensás que tenés tiempo, que crees que escuchas un sonido aunque no hay nadie más alrededor, es momento de que aprendas que nada es gratis, que todo deja una marca, que tenemos esa simpleza del que tuvo tanto bardo que no quiere ruido.

-¿Por qué necesitamos una razón para ser felices?- soltás más para vos que para mí, y cierro los ojos pensando en nuestros sueños de cremas lejanas y espumas vacías, intentando subir aunque sé que arriba ya no hay nada. 

6 de noviembre de 2014

lluvia y café

Es inevitable ponerse fundamentalmente desposeído en estos días donde la palabra domingo se queda corta, la lluvia se lleva todo el color del ambiente y te deja todo azul, ni siquiera gris, con el culo para arriba, mirando películas hasta tarde y mostrándote un estado cortazariano en el que debatís internamente sobre la compleja naturaleza de nuestra existencia.
Ojo, no tengo ninguna respuesta para darte, encuentro preguntas cada vez que te miro. Tu corazón está en el lugar correcto, lo sé, no te preocupes, no te olvides, vení y sentate que el café es medicina. Mientras tanto vemos el agua caer, las gotas golpeando el cristal y escuchamos el mundo pasar; te sentás en el sillón vencido sosteniendo la taza con las dos manos, soplándola lentamente y drogándote con el vapor que sube y te cubre. Sos la única persona a la que una remera vieja mía y un par de medias a lunares le quedan bien, sos bella hasta cuando intentás no serlo.
Debo haberme sentido solo, tanto como para intentar hablar con Dios, pero una vez más no tuve respuesta, y acudí a vos, vamos, te cuento mis secretos, vos asentís en silencio, no te horrorices, prometo ser bueno.
Me sonreís con nostalgia, como una máquina que arranca sola pero en mute, con un amor lejano que se cuestiona que pasará. Me vuelve loco que no haya certezas, soy un hombre de hechos pero no encuentro un sostén que soporte el temblor.
En las películas hay una chimenea en este momento. Siempre pensé que el fuego en los livings brinda una sensación de calor y confort que nada ni nadie puede emular, lo convierte en un sitio al que te dan ganas de ir, no sé si me explico, pero es una de las pocas imágenes que Hollywood sí pudo grabar en mi memoria. ¿Es gracioso, no? Nuestros sueños no nos pertenecen, son de otros, de extraños, de unos que se mueven y te envían, te programan, te bombardean, y encima te cobran el peaje por viajar.
Tomo un trago que me calienta la garganta y la panza a medida que baja, no me acelera como le pasa a algunos: por mis venas corre tanta cafeína como sangre. Lo bebo por el gusto, por la compañía, por la charla. Un batido y me siento capaz de leerte la mente, y florecen los pensamientos y sensaciones, y dejamos de querer ir afuera; quizás podamos engañar nuestro orgullo y sostenernos la mano mientras confesamos vergüenzas ocultas.
Me levanto y pongo Bocanada, un disco para escuchar en días así, cuando te falta más de lo que te sobra. Tarareas la pista 7, esa que tanta verdad encapsula, y nos encontramos en el estribillo, por lo bajo, con una mirada cómplice: “a mí me es fácil olvidar”.
Somos socios de un negocio sin ganancias, el amor siempre es así. Hemos escapado de más callejones de los que podemos nombrar, ¿Por qué nos cuesta una vez más?
Yo digo a, vos decís b, y nos reímos, compartimos solo el cariño que nos une. Mejor no me digas, me basta con mirar en profundidad. La historia se enflaquece, estoy cansado de descreer, no quiero que me des la verdad, quedate y pasemos el otoño.
Te hacés una oruga y envolvés con una manta tus piernas, guardás los secretos que no deben ser contados y me mirás, a los ojos, preguntándote quien soy yo. No te respondo, pero me aceptás.
Me decís que vaya, que te abrace un rato. Tranquila, no tengas miedo, que nada te borre la sonrisa, tomá lo que necesites, algún día te vas a dar cuenta que el destino no existe.
Te terminás el café y apoyás la taza en el piso mientras te rodeás con un brazo mío. Podría pasar un millón de años así, ¿No se siente bien respirar mi olor?
Vamos relajándonos, escuchando la lluvia caer, con el sabor a café todavía en la boca, pensando en dejar de pensar.
Un domingo así, un domingo más.


6 de octubre de 2014

el beso de despedida

No es fácil salir, digan lo que digan, la vida sentimental/social de nuestra generación es una garcha, y especialmente para aquellos pocos y afortunados –entre los que, sin ningún remordimiento ni dejo de soberbia (bueno, quizás solo un poco) me incluyo- que usamos la cabeza para algo más que pensar simplemente cómo meternos en los pantalones de cualquier persona sexualmente activa que pasa por delante nuestro.
Y ni siquiera me refiero a la parte del amor, que todos los que lo hemos probado podemos coincidir que tiene su propio universo de problemas y cuestionamientos existenciales, sino hasta los primeros pasos, las primeras salidas. Soy de aquellos que observan, que disfrutan de descubrir, de notar, de encontrarse con los detalles que conforman a una persona en lo que es, y que usualmente terminan definiendo, injustamente –cabe aclarar- de indiferentes, de fríos y en muchas ocasiones, de raros. ¿Por qué? Como ya dije, porque uso la cabeza para algo más que pensar en cómo meterme en sus pantalones.
Uno inevitablemente sabe hacia dónde van las cosas aproximadamente 15 minutos después de que la salida comenzó. Eso es todo lo que se necesita para saber si alguien te gusta, te calienta, te interesa, te aburre o simplemente querés pedirle un taxi y nunca más volver a verle la cara.
No me malentiendan, es divertido el juego de seducción y analizar las estrategias y movimientos de cada uno, la faena del cazador que quiere cazar o aquel que quiere convertirse en presa. Sin embargo hay cientos de cosas que, a pesar de cómo se desenvuelvan las circunstancias de la velada, bajo ningún punto de vista voy a hacer. Cosas de las cuales estoy en contra, cosas que hay que evitar sin importar la situación o el contexto porque las consecuencias pueden resultar fatales.
Para aquellos en posesión de un automóvil, un claro error –que denota un amateurismo alarmante e incrédulo- es el viaje hasta la casa de la muchacha en cuestión. El “ey, te alcanzo hasta tu casa –guiño guiño-“ es una de las maneras preestablecidas para mínimo un chape contorsionista en el asiento delantero, lo cual lo convierte en algo tan trillado y cliché que le quita cualquier gracia posible, a no ser que datos netamente estéticos –para nada menores, no seamos caretas y ni lo neguemos- empujen a un poco de piel. Además, esto nos lleva, inevitablemente, a la paradoja del beso de despedida.
Si lo que estás buscando es un poco de guerra, dale para adelante. No suele ser mi caso, y lo afirmo orgulloso. No hay nada más traicionero, incómodo y peligroso que el famoso y repudiado beso de buenas noches, o como quieran llamarlo según su tribu o clase social (cómo verán soy openmind). Tengo una sola regla respecto a este cierre de noche: no hacerlo.
Afortunadamente no tengo auto, con lo cual evito esa situación en la que la palanca de cambios se interpone y los vidrios se podrían llegar a empañar de rechazo. Pero para los que todavía mantenemos cierto nivel de caballerosidad (aunque siquiera el hecho de que haga mención de la caballerosidad me coloca más cerca de 1950 que del siglo XXI) es prácticamente una fija acompañar a la otra parte caminando hasta su casa, para asegurarse de que llegue segura a destino, sí, pero también porque la charla de vuelta siempre es más distendida que en el bar del que hayan salido, más casual y muchas veces, hasta sincera.
Y la regla se pone a prueba al llegar a la puerta de la casa. Mirás a sus ojos para despedirte y ves que está esperando, como diciéndote “ey, tu boca quiere conocer a mi boca, deberíamos hacer algo al respecto” y automáticamente pensás “uy... que paja”. Haciendo una gambeta messiana vas para el cachete y al salir de ese rincón conocido y confortable, te encontrás con la mirada de incomprensión. Esos ojos de cachorro mojado de “no le gusto”. A lo que podés, esquivando las balas que el camino te depara, salir con frases hechas para hacer sentir mejor “la pase bárbaro o me divertí mucho” pero sabés en tu interior que digas lo que digas su pensamiento va a ser “por qué mierda no me dio un beso? Acaso tengo mal aliento? El hijo de puta seguro se va a ir a ver a otra que no solo le va a dar un simple picotón sino que lo espera con las piernas abiertas. Son todas putas” Este último pensamiento nunca falla: las mujeres, en el fondo –y no tan profundo que digamos- se odian entre sí.
La clave para poder salir airoso es escapar rápido, evitar la prolongación que dé pie a silencios incomodos o miradas de reproche. Ni hablar si la descarada directamente te tira la boca, ahí cagaste, no tenés escapatoria. Te la tenés que chapar, no da rechazar directamente, no hay que ser insensible tampoco. Pero ojo, la palmadita post-chape para indicarle que no se confunda, que esto no los convierte en nada, te puede evitar una serie de mensajitos 5 minutos después de que encares hasta la parada del 60 que te va a llenar el wpp (creeme, siempre llegan).
Entonces, cómo es la cosa? La vida para aquellos bichos modernos que mantenemos cierta dignidad es compleja y azarosa, depara muchas caminatas en solitario y repeticiones de discos emblemáticos de una cultura olvidada y enterrada bajo la digitalización y los estandartes chic de una sociedad vacía y hastiada en la que la cantidad supera la calidad.
Te van a putear, te van a pelear y probablemente, no te voy a mentir, en más de una ocasión sientas el impulso básico de matar a alguien de un escopetazo en la frente por el grado de pelotudez humana que se puede alcanzar, pero tranquilo. Recordá que siempre va a haber una próxima salida, un próximo gin&tonic, y un próximo beso de despedida que esquivar.

11 de agosto de 2014

hola.

-Me mandé una cagada- fue lo único que pude decir ante la noticia. Así empezaba este momento, que de cagada no tenía nada, pero la culpa y la corbata me apretaban la garganta, generando vértigo al ver mi reflejo, una oportunidad, un martillo.
La presión que crecía, palmas mojadas y algo nuevo, un sentimiento expectante y optimista ante la posibilidad de cambiar algo de esta línea recta en la que se ha transformado mi vida, sin sobresaltos, sin placeres gritados.
Luces blancas, un poco de alegría beatle y tu arengue fueron suficientes para tomar una decisión que sintetiza mi esfuerzo, sé que merezco lo que me va a pasar y no temo en sonar soberbio, ¿Si uno no se la cree que le queda al resto?
Es un poco tarde y demasiado temprano para pensar en las cosas que quiero ser, lo único que conozco no me satisface y por momentos siento que el sol no brilla, hay que dejarlo pasar.
Has regado esta amistad con sudor y lágrimas, has dejado que tambaleé y hubo caídas que no pudiste o supiste evitarme, temiendo algún reproche futuro, como esos que vos pronunciás y callás hacia los tuyos. Te cuesta entender que nunca me voy a olvidar de tu nombre, apuesto que jamás pensaste que me iba a importar tanto que me sostengas la mano.
¿Te acordás de las que pasamos? Cierro los ojos y lo veo, como un disco gastado que suena de fondo... ¿Por qué será que los recuerdos siempre aparecen musicalizados? La vida es una melodía reciclada, la ecología garpa pero el exceso sacude, te hace sentir.
Intento no pensar, recordar es peligroso pero hay cierto placer en la nostalgia. Me rasco la cabeza en un gesto solemne para centrarme, y lo veo, las caminatas bajo la lluvia en madrugadas que se comían a los días, los empujones en precipicios, la familia, la foto, los abrazos y las frases. El idioma ha sido tu mejor enseñanza, la palabra me completa y vos lo entendiste desde que pude caminar: no hay nada que me alivie el pecho más que la lapicera.
Hace mucho que te debo un papel donde intente reflexionar con palabras sofisticadas sobre lo que representas en mis días, pero a pesar de que lo intente, y que suene a un cliché digno de película dominguera mal traducida a un español mexicano que pasa la televisión de cable a las 3 de la tarde, no encuentro manera de trasmitir la altura del sentido. Sos tan grande que me sobrepasa el verbo.
Da gracia la ironía de la vida: la persona que más se alegra que vaya a conocer un mundo mejor es la que resignó su oportunidad de pisarlo 20 años atrás, cuando las responsabilidades eran otras y la vida no había dejado tantas huellas.
Los tiempos fueron difíciles en más calendarios de los que podemos contar, hemos tenido demasiados inviernos y pocas canciones nuevas. Sí, ya sé que me falta mucho por aprender, que soy más ateo de lo que a ella le hubiese gustado y que lloro sin lágrimas, pero las cosas son como son, te llevaría conmigo si pudiera pero no aceptarías, me has dicho que hay cosas que no te tengo que dar.
Estás cansada de la lluvia, el impermeable no hace nada en la tormenta.
No tenés maldad, sabés que en esta vida para ganarle al de arriba hay que ser rudo y aún así preferís deambular con sonrisas torcidas sin dudar, es mejor ajustarse el cinturón que sacarle a alguien lo que no es tuyo.
Me dijiste que soy libre, que soy bello y que me vas a extrañar cuando no esté. A dónde mires, me vas a encontrar. No creas que porque me vaya me voy, siempre voy a estar, siempre estoy, siempre estuve.
Comprendés mejor que nadie mi melancolía de ensueño, soy un local desterrado que se mete en el desorden para reconfortar los cachetazos que el crecer le da dado.
Parto por un rato, dejo esta ciudad cargada de esquinas conocidas y lo reconozco, siento calor en mi panza al pensar en llegar a una isla, un asilo para mi alma donde pueda correr, perderme y hallarme. Le hice caso a las advertencias, por un momento las cosas dejaron de ser tan lindas y la luz de emergencia fue muy clara: mi cuerpo es joven pero mi mente está vieja.
No me siento triste, curaste la pena que me daba no esconderte en mi valija, sos una de las pocas personas que tiene un remedio para la tristeza. No voy a pintar ilusiones, no voy a decir que no voy a entrar si voy a tener que salir. No es ninguna sorpresa que voy a testear venenos, dormir menos de lo normal, y embriagarme con el pasado.
Llorar no soluciona nada, aunque sean lágrimas de alegría, así que no lo hagas, es un momento para que te rías, de mí y conmigo, ambas, como ya hiciste y como ya harás.
Esto, como tantas otras cosas en los pocos años que tengo recorridos, te lo debo en gran parte a vos.
Hay miles de cosas que tengo para decirte, pero es mejor esperar. Arrancamos cuando vuelva y te salude. Con vos no hay adiós.
Hola.

31 de enero de 2014

marginados

-No creí que nadie me notara- confiesa en un balbuceo de ojos apagados y cuerpo relajado. El porro le había pegado, era la primera vez que fumaba y se encontraba volando en un viaje mucho más anclado de lo que había imaginado: la psicodelia se quedó en los `70.
Sentada en un rincón del sillón observaba a todo y a todos con una calma disfrazada, la máscara se le había caído pero alguna fortaleza todavía cuidaba la ciudadela. –Quedate tranquila piba, acá nadie te va a hacer nada- le dice un compañero que solamente vemos en los recreos, a las clases nunca asiste, está demasiado ocupado afanándole guita de la billetera a la vieja o curtiéndose a la profesora de ética en el baño del tercer piso.
Hace 3 años ya que curso y me sigo sorprendiendo al descubrir gente a mi alrededor, no conozco a la mayoría ni me interesa ganarme el premio al chico sociable del año, pero a veces, por momentos, me intriga la vida de esos fantasmas sin nombre que se sientan a los costados y cada tanto levantan la mano para hacer alguna acotación seudo-inteligente con la que llaman mi atención, aunque sea por un segundo.
-Cómo se llama esta canción? Me encanta y nunca puedo averiguar ni quien la canta- pregunta, apurada pero en pleno disfrute, es virgen a la hora de fluir. Los incultos van respondiendo, uno a uno, que no saben, que no la escucharon nunca, que es una mierda de los 80`s o alguna de esas décadas previas a nuestro nacimiento, como si todo lo anterior a la caída de los soviéticos, el auge de nirvana y el comienzo del fin del siglo XX fue lo mismo, un rejunte de polvo de estrellas apagadas. -Es héroes, de Bowie-, afirmo sin mirarla mientras completo el vaso con vodka –no es algo que vas a escuchar en lugares muy populares, el presente es ignorante-. Me recorre con belleza y visualiza mi cuerpo con mirada de miel. Escucha la letra, embobada por la poesía de ese artista andrógeno del cual ha escuchado hablar en conversaciones lejanas y especiales de MTV cuando el canal de música era lo que fue:
“Aunque nada les ahuyentará
Podemos ser héroes, sólo por un día
Podemos ser nosotros mismos, sólo por un día”
La traducción la hace sin problemas, la droga no le nubla la educación bilingüe que sus padres pagaron para que tenga desde chiquita, aprendió a contar en ingles antes que en castellano, el idioma del primer mundo es el que vale en nuestros círculos, y no esa rama impía del español característica de una raza inferior de la que tanto intentamos despegarnos.
Mueve la cabeza de un lado para el otro, despacio, sintiendo los acordes con los ojos bien cerrados, como si quisiera contener dentro de los parpados todos los sentimientos empáticos que el ser notada hace que floten.
Se para e intenta acercarse, envalentonada y desinhibida por el brillo de las luces que el humo levanta, no se da cuenta que nuestros mundos son de sistemas distintos, aunque convergen en el lugar donde supuestamente pagamos para que nos eduquen, comprando un ticket para un futuro mejor. Los amigos escasean y las poses sobran, la vida es una pasarela en la que los distintos ven a los elegidos desfilar.
-Mirá boludo, la callada te quiere dar- vocifera un mediocre hijo de, que se cree que la extensión black de la tarjeta que tiene en la billetera lo habilita a llevarse el mundo por delante. –Dejala que va a intentar hablar Marito, capaz no quiere levantar sino figurar- le responde con mirada de goce una aspirante a actriz que se saca todos 10 y que aparenta vivir en perfecta armonía, casi todos desconocen los gramos de cocaína que necesita para relajarse y que la acompañan a todos lados. Yo los dejo hablar, me divierte el zoo del bloque social. –No seas mala Andreita, y andá a limpiarte la nariz que te veo desde acá el resto- le digo mientras me termino le vaso y mastico el hielo del fondo, enfriando la lengua y el cuerpo, para que no jodan, que no se confundan.
Arrepentida por la demostración se sienta en un banquito alto, las piernas le cuelgan un par de centímetros por el piso y flaquean, está tan ciega que no puede ver ni quién es. Sonrío, con la indiferencia atractiva de alguien que está en otra sintonía, y me presento –Soy Juan, aunque mi nombre no importa, y dudo que te lo vayas a acordar, estás muy verde todavía-. Los ojos azules se posan en mi boca, intenta escucharme y leerme para comprender totalmente lo que digo y evitar las ganas de besarme que le dieron desde el momento en que emití sonido. –Ya se quien sos, aunque dudo que sepas quien soy yo- dice cuando me da la mano, en un apretón formal que los espectadores observan de costado.
Asiento, divertido y elevado, y me tiro para atrás, apoyándome en la mesada, cortando el impulso que la seguía desde esa mañana, cuando decidió dejar de ser una espía, cansada de no figurar y ser invisible para los que cuentan.
Se la nota mareada, no lo suficiente para disparar ninguna alarma pero no sabe disimular. –es la primera vez que vengo a una de estas fiestas- confiesa marginada. Me río de su suerte –ya sé, me di cuenta-. –Relajate y no intentes tanto, no pretendas, no te agaches, con poco sobrevivís, la mayoría está más vacío de lo que muestra- le digo a modo de consejo, es más de lo que me dijeron a mí en los momentos de soledad, el altruismo no es algo de nuestra generación, está pasado de moda, en vez de rescatarte te ahogan. –tantas ganas de estar tenías? felicitaciones- cito con aire solemne mientras brindo al aire y me marcho. 
Bienvenida a la pared de las flores empotradas y mariposas disecadas.
 Esto es lo que somos.

13 de enero de 2014

miro sin mirar

Nos subimos después de horas de discusión, de tira y afloje, de debates por momentos subidos de tonos en los que te explico mi necesidad y vos te defendés con tu incomprensión.
-No entiendo que te pasa, hablame- me suplicabas hace un rato, cuando solo te respondía con los ojos. No puede ser que todavía no me leas. Estás demasiado tapada para darte cuenta que ni yo sé en qué piso estoy parado. Las noches se hacen largas y los días no son los de antes, las presiones pueden más de lo que los libros te advierten.
Me agarraste de la mano e intentaste besarme a medida que tu rodilla subía por mis piernas, segura de que tu arte podía hacerme cambiar de opinión y quedarme a pasar la noche. –Ahora no- solté con una indiferencia que te heló la sangre. Pocas veces me has visto así, desencajado, mentalmente perturbado al límite de borrar toda la confianza con la que he construido mi cuerpo. –Me voy, venís o no?-. Asintiendo en silencio y con una timidez desconocida, agarraste tu cartera y caminaste detrás mío, siguiendo mis pasos hasta la parada y apagando todas las luces, que para mí hace rato que no brillaban: acostumbré la mirada a la oscuridad desde chico.
-Hasta dónde vas pibe?- me pregunta un chofer que descansa sus 100 kilos sobre el vencido asiento de plástico corroído por el tiempo. Lo miro pasar su mondadientes de lado a lado, le faltan 2 incisivos y sonrío: ni el sindicato ni los sueldos altos garantizan tener la boca completa. -Voy a saberlo cuando llegue- le respondo sin ninguna intención de hacerme el místico. Ante la mirada molesta del conductor apoyo la tarjeta sobre el lector, -2 hasta que termine el recorrido-.
Volteo hacia la ventana esquivando tu atención, un hombre extraordinario no se puede dar el lujo de temblar. Miro sin mirar, afuera todo es ayer. Me sostenés la mirada, fija, haciendo una radiografía para descifrar que quiere decir cada gesto, cada instante. –Aparecés y desaparecés, no puedo entrar si no me decís donde está la puerta- escucho que sale de tu boca, -Dejame ayudarte-.
Me meto en el desorden, en el caos. No veo con claridad, no soy parcial. Estoy acostumbrado a pelear en batallas donde no puedo ganar y en las que termino llegando, golpeado pero entero. No necesito ser amado para sentirme mejor.
-No quiero ser simple- te digo, por primera vez en la noche pronuncio algo sincero y acusás el golpe, sabés que te incluyo a vos entre la sinceridad que pedías. -Ni aunque lo intentaras podrías ser simple vos- me retrucás entre el reproche y el enamoramiento.
Hay problemas que no tienen solución. Nos vacían y ni nos damos cuenta.
Todo lo que vi se desintegra, los recuerdos flotan y se mezclan, bailan entre ellos.
-Yo sé que me querés- afirmás intentando sonar más convencida de lo que en realidad estás. Te faltan muchas heridas para entender; la ilusión es un veneno, no te conviene tomar de más. No paro precauciones, no salgo, no entro, tranquila, sonrío mientras me cuestiono mi lugar y tiempo.
Me voy de lugares en los que nunca he estado, soy un turista en mi propia casa más veces de lo que te imaginás. Esta es la vida que elijo, que me tocó. –Ya  sé que me querés- te respondo con una sonrisa lejana, un signo de que el sentimiento está ahí, dormido pero vivo.
-No me voy a ir a ningún lado, estoy acá- pronunciás a medida que me acaricias el cintura, sin expectativas, para hacerme sentir compañía. No insistís con el cariño, no tirás más de la cuerda, sabés que se puede cortar.
Asiento con naturalidad, no hace falta que aclare cuan precario es mi juego.
Estoy cansado de fijar expectativas imposibles, quiero cruzar y ser aplaudido, quiero penetrar mil vidas. ¿Dónde van los deseos cuando más los necesito? ¿Cuáles son los instintos básicos que excitan hasta el día que queda por vivir?
–Querés que nos bajemos?- silencio -En dónde estás?-

Te acaricio con los dedos el brazo, para que sepas que estoy, que no me fui. –Cuando sepa te aviso-.

18 de noviembre de 2013

década perdida

-Quedate conmigo, confiá, nadie sabe lo que te estoy contando-. Nadie te dice lo que significa perder algo para siempre.
Desde chiquito te inculcan que siempre van a venir tiempos mejores, que al doblar la esquina el pasto es más verde y uno puede flotar, levitar ante el peso quitado de los hombros del presente. Escuchás a tus padres, abuelos, novios de tus hermanas y profesores confidentes cuando te aseguran que cada etapa tiene lo suyo, pero la próxima es el quiebre, es especial.
-Oí mis labios: es todo una mentira-.
Lo veo en un sueño apaisado que encapsula una burbuja de épocas lejanas donde rebalsa la construcción empresaria y el optimismo importado de un fin de siglo repleto de ilusiones que se pincharon de repente, cuando el globo de ojos vendados rozo la fría aguja que crecía minuto a minuto, y el mundo se paró.
El sol ilumina mejor en los recuerdos, la luz es más clara.
Creo que lo sé, pero no sé por qué. Debe ser que nací a los golpes, crecí mal y aprendí a ser escuchando historias de realidades blancas. No seas ingenua, la gente no se moja en las tormentas porque les gusta el agua.
-Acercate, no te va a pasar nada, no muerdo tanto todavía. Todos los rumores son falsos, nunca permanezco acostado más de lo debido-.
Prendo un pucho, me mirás como si tuviese una alfombra mágica, extasiada ante tanta filosofía verbal y expectante, ansiosa para ver cuál va a ser mi próximo truco: querés acompañarme a volar.
-Vení, sentate, comparemos heridas de guerra, prometo no tocar nada que antes no hayan tocado-. Te abrís y aflojás la coraza tan zona norte que edificaste con los años de colegio privado y mucamas extranjeras. Te provoco, te tildo de caprichosa, de exagerada y puteas. Te sacas la remera y me mostrás, te señalás el corazón en un ademán dramático digno de una ópera de pizzería, -Acá boludo, acá me duele-. Me contás una historia de familia que probablemente no se la hayas contado a nadie por vergüenza, por pudor o simplemente por miedo a mostrarte tan frágil, tan.. real.
Te escucho hablar de días en los que eras una chica sin nada que perder, cuando no sabías lo que significaba todo lo que tenías y te diste cuenta demasiado tarde, cuando no estaba más: la conciencia es irónica, solo aparece cuando puede dejar culpa.
Tu voz es chillona y los ojos gritan, pero el cuerpo se tensiona, tiritando como quien acaba de perder 20 kilos y respira por primera vez en años.
No interrumpo, tus manos me piden que me calle, imploran terminar su historia. Te tiras en la cama, al lado mío, y apoyás tu cabeza en ese almohadón celeste que tanto pecado ha presenciado.
Gracias y perdón, se chorrean de tu boca en un balbuceo infantil y pudoroso, hoy tu boca grande se hizo famosa por otra cosa de la habitual: hablaste de más.
Apoyás la mano en mi muslo y te levantas, vas hacia el tocadiscos y seleccionas un vinilo fetiche de una banda que representa los 90`s como pocas. Te tambaleas al ritmo de los acordes del primer hit que tuvieron y te acordás de las fiestas, del champagne, del 1 a 1, los amigos del campeón y los corazones desatados.
Hacemos un puente entre los mundos, entre las décadas.
Ambos buscamos obtener recuerdos, mirar hacia atrás para cuestionar la mortalidad y caer en cuenta del sabor amargo que deja vivir en el presente.
¿Por qué es tan difícil soltar?

Hay cosas que es mejor no responder. 

28 de mayo de 2013

la rutina del capital

Acá sentado en esta incómoda silla de antaño me río de mi propia suerte.
Ésta locura está marchitando todo el ambiente que atrae las miradas de aquellos que están afuera. Se pegan sus ojos psicóticos y rojos a los enormes vidrios buchones que recubren el frente de esta prisión asalariada, a medida que leen la porquería masificada que publicitan en la fachada de la pecera y con la que intentan seguir deshumanizando la plebe inculta: la ignorancia es una bendición.
Nervioso y divertido empiezo a tipear y arreglarme el nudo de la fina corbata, tics para mantener los miembros ocupados mientras me siento observado.
De los techos suenan, invisibles, las órdenes de esa especie de gran hermano que intenta callar mi destino a medida que vacía mi libertad y seca la savia de las plantas. Las paredes, modernas y frías, son una fiel representación de la casa vacía en la que habita nuestra fe.
Ni nos damos cuenta de lo mecanizados que estamos, somos simples adeptos del sistema, partes reemplazables y producidas por la armónica y desatada fábrica de la vida.
Privado de luz, a diario dopo la consciencia y el pensamiento por jornadas interminables en las que funciono a reloj y mi cuerpo se une con la pantalla, como si fuésemos uno, o ninguno quizás.
Desde el escritorio veo como todo se sacude alrededor, contemplo la industria humana que lidera las nuevas sensaciones y veo como nos alejamos del ritmo, del propósito. Hombres de trajes oscuros y de etiqueta europea hablan y hablan en los pasillos a medida que toman la dirección y se aseguran que sigamos el rumbo dictado por la cúpula, esa cima de la montaña social que se asegura que nunca nada vuelva a ser igual.
Con las cabezas gachas y expresiones vacías transitamos, sin saber por qué, pero sudando la frente ante la presión que no para de crecer.
Por momentos recuerdo el pasado, sostengo en la memoria como un cristal en mis manos la vida que dejé escapar y el corazón tiembla, la nostalgia es un arma peligrosa para el alma. Vienen a mí luces y esplendores, acordes y versos grabados en discos del inconsciente colectivo, besos y sonrisas sinceras.
Sacudo la mirada y retorno al eterno presente. Chequeo las agujas que marcan la tortura y me muerdo un labio al calcular cuánto falta para la salida. Al lado mío, un compañero subversivo infringe la ley al prender un cigarro a medio acabar, que cruza la frontera de mi cubículo por debajo y arriba. Como en un trance, el humo baila en espirales y se esparce llamando a los más curiosos que luchan internamente contra su dependencia a la nicotina y el temor al castigo.
Las ventanas se han oscurecido con la llegada de la noche, otro día sin sol.
Lentamente me pongo el abrigo y la bufanda, apago la computadora y disfruto, aunque sea por un instante, la idea de la euforia marcada por la salida. Busco en mi muñeca el tiempo y calculo las horas de descanso, hasta volver a la rutina del capital.
La libertad es solo una ilusión, pero hoy no lo quiero pensar.

Basta por un rato. 

23 de mayo de 2013

t.o.p

Cuando estoy solo y acompañado,  a veces me encierro puertas adentro y alterno entre diversos impulsos que mi televisada consciencia emerge. Todo lo que se, pienso y soy me hace seguir corriendo hacia un futuro que hoy no logro ver.
Bañado en vanidad me dirijo al sector de pompas y cultura vacía donde ese estrato argentino que no quiere olvidar su nombre y pretende ser más europeo que latino pasea al ritmo de canciones en inglés (nunca en castellano), toma cafés importados y renueva su vestuario en tiendas de diseño y cortes afrancesados.
Divertido y lookeado como uno más y único al mismo tiempo (característica de esa clase compuesta por gente como uno) dejo el departamento y me dirijo a esa parte de Palermo que se enriqueció y cambio su nombre, dejando en el pasado donde tiene que estar todo lo que lo definió en un comienzo: enterrado en memorias peronistas y conventillos derribados.
Alrededor de Plaza Serrano, todo un símbolo del mainstream nocturno de Buenos Aires, se edifica esta burbuja arquitectónica donde boulevares y calles angostas remiten más a París que a la Capital Federal. Allí se puede ver, si uno observa detenidamente, todos los camaleónicos personajes que con apariencia andrógina deambulan entre los adoquines.
Rockstars cool, modelos cargadas de pastillas y etiquetas costosas, empresarios oligarcas y gente de sangre colorada (orgullo de la clase) nadan en esa pecera de cristales importados y pasan el rato, disfrutando de ser.
Sigo caminando con paso seguro y confiado, atrayendo miradas que despiertan placeres carnales, cantando en mi mente la canción con la que transito mis días. Observo, a lo lejos, cabezas rubias y esbeltos cuerpos trabajados que se horrorizan al ver pasar un individuo de tez oscura mendigando. Sin embargo, y a pesar de las miradas elevadas y contracciones corporales, una de las muchachas estira su mano y le deposita al marginado un billete con la cara de Belgrano, que asiente la cabeza y se limpia la nariz con la manga de su transpirado buzo descolorido, de tantas temporadas atrás.
Me siento en una cafetería y ojeo La Nación del día. El viento frío estalla contra mi tapado y congela mis facciones caucásicas: es tiempo de ir a lugares más cálidos.
En las casas de ropa me atienden individuos de apariencia pulcra y orientación dudosa, con los que entablo conversaciones superficiales en un lenguaje secreto y elitista, que solo el que lo habla lo conoce. Probadores minimalistas, prendas innecesarias pero hipnóticas y géneros cargados de una impronta conservadora conforman una velada que reconforta y estiliza el alma.
El sol se va escondiendo y las calles se vacían. El cielo aterciopelado me llena de dudas y decido partir, en mi mente no hay tiempo para más.

Todo lo que quiero hacer es seguir; es bueno ser libre y disfrutar de las pequeñas cosas que me hacen feliz, pero tampoco hay que empaparse en goces, no hay que olvidar que la vida es mucho más.

15 de marzo de 2013

solo nos queda llegar

El arena se abre ante nuestras señales y cubre la piel de los pies, escondiendo las huellas de un pasado que queremos dejar atrás.
Siempre libres, nos embarcamos en esta búsqueda espiritual seguros de una sola cosa: cuesta ver el sol cuando la mochila es demasiado pesada.
Dejamos de escondernos y decidimos salir a la eternidad, abandonando las voces de ecos pasados para escuchar canciones nuevas y discos sin editar.
Te miro y se nubla el alma: no existe ser más adecuado para transitar este pasaje.
Algo cambio dentro mío, ya no soy el mismo.
Al caer en las profundidades me encontré con la verdad y obscenidad de un mundo que gira igual, sin importar lo que nos pase. Somos piolines en la oscuridad.
Vuelvo al presente y me doy cuenta que la caminata no cesó, te sigo hasta en la inconsciencia.
Me invade tu olor a estrellas y me haces sentir.
Tu mirada está fija en aquello que no ves, lo desconocido alimenta tu esperanza.
Construiste y destruiste un hogar, no pudiste controlar el impulso y el instinto animal terminó corrompiendo todo por lo que habías luchado.
Te doy la mano y cierro los ojos, tus dedos ahogan consigo toda duda posible: es mejor seguir tus pasos.
Aterrizo en mi vida y me veo navegando a la deriva, codeándome con la soledad de amistades posadas y laberintos existenciales que no supe ni quise recorrer. Resistí hasta que la voluntad cedió y me deje ser, y fluí por un  cielo de soledad y pastillas de calma.
Pronuncias mi nombre y vuelvo al momento, el tiempo nos persigue.
Te sorprendería conocer cuan abandonados estamos en realidad, la nada nos rodea. Olvidadas quedaron las fantasías de la niñez, el poder de la mente sucumbió ante una realidad televisada y la industrialización de la raza.
El cielo parece líquido y me apretas fuerte; la claridad te da temor y en silencio te apoyas en mi dolor.
Un inmenso resplandor pasa a través de mi pecho cuando tu cuerpo roza el mío. Veo con claridad toda tu luz y me relajo, nada nos va a pasar.
Acallo el dolor que vive dentro y te guío hacia delante.
Hemos dejado atrás todas las cosas que no necesitamos, aliviando la presión de la memoria.

Solo nos queda llegar.

28 de enero de 2013

fundidos

Alguna vez nos llenamos la boca de palabras, sonidos que navegaban a la deriva dejándose ser, naciendo para transmitir sensaciones inexplicables que cada uno sentía por el otro, y muriendo, inevitablemente, al llegar al oído, causando calor y tranquilidad.
Atravesamos tormentas y soledades, y caímos en la noción de que la vida simplemente te conduce a cualquier lugar.
Me seco la mejilla y te pienso, nos pienso.
Estoy cansado de correr y necesitar, la felicidad es un concepto demasiado resbaladizo.
Hay que proyectar para despegar, sobrevivir a la incertidumbre del minuto a minuto es más difícil de lo que te dicen  y el mundo te arrolla en cada curva pero tranquila, nunca fue fácil.
Acostados, los 2, como siempre, como nunca, miramos un cielo eterno que nos hace sentir pequeños y dudar, existencialmente, del propósito, la causa y efecto.
El pasto te retrotrae a cuentos borrados y palabras impronunciables.
La memoria tiembla, recordar es tan distante…
Te mecés en la ingravidez del estado y fluís, pacifica, mientras estalla en vos la calma que mis caricias te transmiten.
Te canto al oído y te sacudís, despacio, conteniendo las cosquillas que mi aliento le causan a tu cuerpo para que no note como se sacude la sangre cuando me acerco tanto, y sonreís, tímida, al caer en la cuenta de la magnitud del sentimiento.
El viento te despeina y abrís los ojos, mirando cada detalle para no olvidarlo, fotografiando minuciosamente este momento, congelándolo para guardarlo en lo más profundo de la conciencia.
Si querés que me quede, permaneceré ahí, donde los cuerpos no caen y el tacto se ríe.
Respiramos el aire puro y nos miramos, obnubilados por la belleza de la materia.
Pasás tus dedos entre el grisáceo césped y te llenás las manos de naturaleza; el arte está en las cosas más simples.
Apoyás tu nariz sobre la mía, y colocás tu mano, la otra, sobre mi cansino hombro. Tu color se funde en mi remera celeste a medida que se entrecierra la mirada.
Estás segura, y yo también.

Estás en mí.

20 de noviembre de 2012

la jaula

Sostenés el libro con violencia contenida, tus dedos parecen clavados a la gastada tapa de cuero de aquel manual de autoayuda escrito por un símil curandero que disfruta de sus 15 minutos codeándose con la espuma social sentado en livings televisivos y profesando paz a pesar de que no encuentra la calma ni en su propia casa.
Te tambaleás, como en un trance infundido por la locura: los sueños no son lo que solían ser. No podés gritar, tenés el alma callada por la dosis pero en la mirada escondes días de verbos impronunciables.
El pelo que alguna vez lucio alisado y prolijo se ha convertido en un caos amarronado y desgastado, calcando el revoltijo emocional que transcurre centímetros más abajo, dentro de tu colapsada cabeza.
Al verme entrar sonreís como si lo sintieras, pero tus labios no dejan de ser una simple mueca, una pose adoptada con el tiempo. La jaula tiene sus manías, y tu sentido, por mas obnubilado que se encuentre, lo percibe.
Hace ya 4 años que hibernás en esta pecera sin ventanas. He llenado carpetas y formularios, que luego releo para intentar encontrar una pista, un signo que me indique donde entrar. El dolor te encontró de pequeña y te topaste con tu límite demasiado rápido. Dejaste de sentir y te fundiste en un estado descuidado que te llevó hacia puertas que no se abrían y calles desoladas. El vino perdió su sabor y fluiste  hacia un rostro sin emoción.
Algún día vas a ser una mujer, pero no puedo hacerte entender que lo que pasó pasará. Estás demasiado frenada, demasiado rota para comprender que la vida es un gran gris que hay que saber soportar.
Te hablo pero no respondés, los ojos siguen fijos en las páginas donde buscás respuestas, a pesar de que sabes que ese no es el lugar donde las vas a hallar.
Parece que has perdido la noción del tiempo aquí adentro, no notás los cabellos blancos que aparecen día a día con mas fervor en mi barba, los cambios de paisaje ni inclusive las tímidas curvas que van apareciendo debajo de tu camisón: estás pausada en un presente sin proyecciones.
Me das la mano y transmitís una pizca de cariño o algo semejante, y por un minuto desvias los ojos hacia los míos, haciéndome sentir que sabés el esfuerzo que hago hurgando en tu pasado para hallar el momento crítico en el que todo se quebró.
No hay espacio para más palabras ni fantasmas, no soporto mirar el fracaso.
Asiento mientras te observo, esbozo media sonrisa y volves al libro, sosteniendo con tu mano libre la muñeca que te regale hace un par de inviernos que, en contraste con todo lo que habita en el cuarto, se encuentra inmaculada y alegre.

Tranquila, ya vamos a llegar.

18 de noviembre de 2012

el falso poder

Desde sus comienzos, los medios de comunicación masiva supieron estar en el ojo de la tormenta en cuanto a controversias, persuasión y cuestiones de poder. Los periódicos supieron sentar posición durante la etapa de la prensa faccional, siendo prácticamente modelos de propaganda de los diferentes partidos políticos que había en la época. Pero con el desarrollo de la prensa moderna y basados en un modelo de empresa los medios comenzaron a tener fines de lucro y su propósito, rol y función cambio. Ya no eran partidarios de una doctrina ideológica (o al menos no lo admitían abiertamente) sino que su fin era informar lo más objetivamente posible para atraer a un mayor número de consumidores y así, generar mayores ganancias. Junto con los diarios, la radio sostuvo un acelerado progreso en las primeras décadas del siglo XX, siendo una plataforma de entretenimiento e información al que ciudadanos de toda clase acudían. La TV y el cine terminaron de masificar, por así decirlo, a los medios de comunicación y su alcance, ingresando en los hogares de miles de personas y convirtiéndose en tema de debate y sitios de referencia. La República Argentina ha transitado, a lo largo de su corta historia, situaciones de conflicto entre los medios dominantes y la clase gobernante, pero nunca con la vehemencia y extremidad como la que ha ocurrido desde que comenzó la primer presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, electa como tal en el 2007, y que se mantiene hasta el día de la fecha, cada vez con mayor ímpetu, acercándose el tan renombrado 7D (sigla que hace alusión al 7 de diciembre del 2012, fecha en la que se pone en vigencia el artículo 161 de la Ley Nº 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual) que dio comienzo a una guerra mediática entre el Grupo Clarín y el aparato Kirchnerista. Los medios variaron y varían sus roles, y aún hoy es imposible asegurar con total seguridad una función primordial. ¿Es como esbozaba en sus textos Harold Laswell, que aseguraba que las funciones de los medios eran entretener, educar o informar? ¿Conforman, como dice Ignacio Ramonet, una estructura de poder que controla gobiernos? La historia de los medios de comunicación masiva ha sido veloz y variante, como se ha mencionado anteriormente. El traspaso de la prensa faccional al modelo de prensa moderna con que los medios dejaron de tener un fin doctrinario y político para ser lucrativos cambió, entre muchas cosas, su alcance y efecto. La sociedad fue creciendo y a su par lo fueron haciendo los medios, acompañados de inversión, publicidad y cada vez, mayor consumo. Durante casi todo el siglo XX, los medios supieron ser un sitio de referencia, un lugar en el que los ciudadanos confiaban, por más descabellados que fuesen las transmisiones o los mensajes que los medios brindaban (un perfecto ejemplo para esto se dio en la sociedad norteamericana con el caso de La invasión de Marte de Orson Wells, programa emitido en octubre de 1938 simulando un ataque marciano que generó una gran polémica y reacciones totalmente variadas por parte de la audiencia, que, en una gran parte, creyó como veraz el comunicado emitido por la radio). Los medios ganaban no solo confianza por parte de la sociedad, sino dominio económico e institucional al ver como sus comunicados repercutían en su audiencia; esto se veía en el poder político, a pesar de que los medios toman una postura, supuestamente apolítica, los medios de comunicación de masas no son portadores de una ideología: son en sí mismos una ideología Es de saber popular que aquellas figuras que han sido protegidas por los medios de comunicación han salido victoriosos la mayoría de las veces. Juan Domingo Perón gozaba de una sólida relación con Clarín, diario de mayor alcance, y prácticamente todo el aparato comunicacional supo apoyar el período antidemocrático generado a raíz del golpe militar que duró desde 1976 a 1983. De la misma manera, aquellas figuras que se enemistaban con los grupos hegemónicos, pagaban caro estas batallas. El gobierno de Raúl Alfonsín (presidente desde 1983 a 1989) es el ejemplo más resonante, que se refirió en varios de sus discursos a la mentira que los diarios pronunciaban para atacar su mandato. Sin embargo, y a pesar de las luchas o alianzas entre los gobiernos y los medios, estos últimos supieron ocupar un sitio de privilegio para el pensamiento colectivo: eran un recurso contra el abuso de los poderes. Los periodistas eran vistos como personas nobles que luchaban contra aquellos poderosos que ejercían su fuerza en beneficio propio y contra individuos más débiles, y en muchos casos pagaron muy caro el hecho de ser corajudos y denunciar estos actos: desapariciones, asesinatos, golpizas, siendo uno de los casos más impactantes el de José Luis Cabezas, periodista que por mostrar el desconocido rostro del oculto empresario Alfredo Yabrán, asociado a la mafia y tráfico de armas, fue asesinado y encontrado quemado en su auto una madrugada de enero de 1997. “Por esta razón durante mucho tiempo se ha hablado del cuarto poder. Ese cuarto poder era gracias al sentido cívico de los medios de comunicación Pero con la presidencia de Carlos Saúl Menem (dicho período se extendió desde 1989 hasta 1999), y el auge del neoliberalismo económico, los medios supieron concentrar aún más poder. Al permitirse que los medios ganasen adeptos y se transformasen en multimedios, el cuarto poder fue abandonando su sentido, dejando de ser un estado de contrapoder para los que abusaban de su magnitud. Los medios comenzaron a juntar más y más dominio, transformándose en inmensas empresas multinacionales que invierten ya no solo en materia de comunicación, sino en la bolsa o en mercados como el petrolero. Lejos quedó la postura de Laswell, pareciendo que el fin de los medios no es ni informar, ni educar ni entretener, sino vender y simplemente, crecer y concentrar más poder. La digitalización y la propagación de Internet finalizó de derribar las fronteras que ya la globalización había demolido y de contagiar a los medios la lógica comercial y los objetivos mercantiles del marketing y la publicidad. El pico de este crecimiento se vio en el 2007 cuando el por entonces presidente Néstor Kirchner autorizó como último decreto de su mandato, la fusión de Cablevisión y Multicanal, permitiendo un monopolio por el Grupo Clarín en cuanto a televisación por cable. Pero meses después la relación entre el gobierno Kirchnerista y el principal grupo comunicacional argentino se rompió, comenzando así una interminable disputa entre ambas partes, a la que se fueron sumando una gran cantidad de medios en apoyo a ambos sectores, que sumaron aliados y enemigos, transformándose esta en una lucha de intereses disfrazada de batalla loable en búsqueda de la libertad de expresión. A la par de este crecimiento fue disminuyendo la concepción por parte del público del cuarto poder de los medios: estos ya no gozan de una inmunidad blindada por la veracidad incuestionable de sus actos, sino todo lo contrario. Hoy en día la sociedad se ha vuelta totalmente escéptica para con los medios y los políticos, en gran parte a raíz de la pelea con el aparato gubernamental que puso al descubierto errores e inmoralidades como robos de bebes, compras millonarias de terrenos patagónicos, inversiones ilegales y mucho más. El gobierno argentino ha decidido llevar a cabo una lucha contra los medios masivos alegando la necesidad de un control para no permitir los monopolios y promover una pluralidad de voces. Siguiendo de alguna manera los pensamientos de Ramonet, el aparato Kirchnerista ha creado una especie de quinto poder para así elaborar una ecología de la información, con el fin de limpiar, separar la información de la marea negra de las mentiras. La verdadera cuestión es si es realmente una lucha para mostrarle a la sociedad la verdad que los medios esconden o una maniobra para aumentar el modelo propagandístico oficial y acallar voces de la posible oposición. Será cuestión de esperar y ver.

6 de septiembre de 2012

olvidarme de todo ayer

Los ojos se desenfocan en un espiral mágico de infusiones caoba a medida que me pongo el blazer y pasás tus dedos blancos por mi espalda en un gesto que alterna la prolijidad de una profesional del amor y el cariño verdadero de dos corazones que se encuentran.
La noche fue agitada y quisiera olvidarme de todo ayer, pero la mañana nos recibe templada, con una calma climática que impregna de esperanza el comienzo de este camino que trazamos en búsqueda de una vida feliz.
Te ponés el vestido, tapando las curvas y marcas corporales de las risas nocturnas que horas atrás mi cuerpo le producía al tuyo. Encendés el ultimo cigarrillo de una cajetilla que se acabo pronto, demasiado pronto para una estabilidad emocional, y comenzás a echar humo por todo mi cuarto, sabiendo a cuestas cuanto me desagrada oler el tabaco quemado.
Nos miramos, sentados en puntos distantes pero directos mientras te preguntás a cuantas mujeres habré traído a mí casa, cuántas y cuáles habrán sido selectas para cruzar el umbral de privacidad que representa en una metáfora enferma la puerta de mi hogar.
Necesitarás toneladas de cariño y demostraciones afectivas, para las cuales nunca fui demasiado afanoso. Te dañaron de pequeña y tu infancia nunca pudo sobrellevar y curar la herida del alma. A todos nos cuesta respirar.
Debajo de toda la pose de mujer dura y segura de sí misma, que emana confianza con cada bocanada de nicotina, se encuentra una niña temblante cuan hoja otoñal, tímida y frágil de esencia.
Nos paramos y fundimos el uno con el otro en un abrazo que aliviana la presión. Ligeros flotamos entre sueños fugaces comunicándonos en un lenguaje divino, al que solo alcanzan elegidos por el agua pura del sentimiento real.
Los parpados se sellan y los labios se aprietan, los brazos pesados encadenados en la cintura del otro a medida que susurramos melodías entonadas. Alrededor vuelan fragmentos de nuestra memoria, bellos trazos que resplandecen en una incertidumbre oscura.
Miro el pasado, vuelvo del encantamiento que producía la vuelta y te digo la verdad: fui solo menos de lo que pude ser.
Me apretás la mano y te das cuenta que yo también estoy dañado.
Volamos y caemos, al suelo, a la realidad, a la mañana semanal que retrata la hora.
Nos desvestimos y acostamos en la seda. Comenzamos a jugar y recordamos, soñando y besándonos los labios.

Mejor no despertar.