11 de agosto de 2010

la gargola

Contemplo las estrechas paredes que me rodean y funden al oscuro ambiente en el que me veo inmerso desde hace mucho relojes rotos y caducados.
Me encuentro en uno de los vencidos rincones, volando mentalmente, imaginando sentir.
La caja que me resguarda, a pesar de ser de concreto parece más frágil que nunca, y ya casi es parte de mi anatomía.
Los barrotes son como mis huesos, sólidos pero oxidados, habiendo soportado demasiada tempestad gritan por una pausa, y la tenuidad de la celda es idéntica a la de mi interior.
El silencio es sonoro y solamente es interrumpido cuando otro compañero vocifera algo, perturbando la laxidad de la madrugada.
En una de las paredes veo dibujados miles y miles de palitos blancos, hecho con alguna piedra o agotada tiza, representando cada uno un día de parálisis liberal.
Siempre me pareció mas que acertada aquella imagen, por mas que este trillada en películas o cuentos.
Ese palito ínfimo, anoréxico, solitario y cansino representa un día con una perfección que asusta a las horas.
La libertad me soltó la mano hace demasiado, y ya no recuerdo tenerla ni en las neurona, ya no tiene sabor ni olor, es tan solo un nombre, un concepto.
La memoria no tiene huellas y mi identidad tampoco.
Siento que estoy aquí echado mirando mi aire pasar como en una película muda, vieja, develada.
No distingo colores, todo me sabe a nada y hasta el verbo se ha agotado de la imprudencia que despilfarra el lugar.
Me siento azul y me veo gris, opaco y perlado; mi cuerpo ya es una pieza mas de la cárcel, no desentona ni brilla, permanece exactamente donde lo colocaron, aquel día que mi carne perdió su religión.
Soy una estatua que adorna con sus poses, respiración y espacio.
El tiempo no pasa, se divierte estancándose en una pausa que asesina mis agujas, sulfatando el reloj y las venas.
Ya no reconozco la esperanza y la vida parece algo perdido, escurridiza, oculta y conceptual.
La mente se suma al castigo y mi ser lo padece, profanando mis vacíos sueños y helando mi transparente sangre.
Aquí estaré hasta que mis días se aburran y el centro decida apagarse acabando con tanta carencia, silencio y gris.

10 de agosto de 2010

niñez inquebrantable

Aparece en escena como si se tratase de alguno de sus programas o películas favoritos, cantando en lenguas ocultas, regalando una sonrisa y abriendo sus brazos como si quisiera donarte un abrazo.
Su inocencia absoluta se nota en cada gesto, parte y faceta, abriendo al publico una pureza en esencia que tardara años en mancharse.
Se sienta, hasta la comida es una excusa para jugar, disfrutando lo cotidiano y casual, emana sabiduría a aquellos con mas conciencia.
Se cae, se levanta y sigue, nada lo detiene ni perturba, y alegra hasta el rincón mas oscuro con tanta risa.
Rápido, miralo, analiza como se mueve y charla con la perra, que la mira con una inteligencia cósmica a medida que sigue contándole los secretos.
Su sinceridad abruma, no tiene tiempo para engañar o persuadir, no puede.
Me ve sentado y se acerca, con ese divertido paso tambaleante, iluminando hasta sus ojos y me abraza con un sentido que difícilmente otra persona me brinde.
Dale, sostenelo, a pesar de la confianza que aparenta es frágil, sin que se lo pidas te da la mano para dar un paseo en el que vera cosas que ojos adultos no pueden enfocar y adornar.
Finalmente termina su día, cansado como si hubiese caminado mil kilómetros, hecho un bollito en su cama, repleto de osos, dibujos y juguetes, brindándonos una lección sobre la esencia de la vida, el color de la misma.

5 de julio de 2010

epocas modernas

Por estos días previos y posteriores a un cumpleaños, momentos en los cuales uno no solo piensa en todo lo que le ha sucedido en los 365 días que se han escurrido, se ha instalado en esta inabarcable cabeza la simple idea del paso del tiempo, de lo que realmente han significado estos últimos meses en mi vida y por sobretodo, los cambios esenciales que han transcurrido desde que reviso, allá atrás, al cumpleaños del año que se despide.
Me he dado cuenta que la adolescencia traía una simple felicidad, compleja pero risueña que adelgazaba la mente al permitirle no preocuparse.
Analizo mi estado actual, y el pasado. Los comparo, los peso, los toco.
Con el pasar de los calendarios me vuelvo más frágil.
Ahora realmente siento las cosas y cuando la gente que me importa hace algo que no me sienta bien la herida es mas profunda, y tarda mas en sanar, y muy pocas veces cicatriza por completo.
Desde que finalizo la etapa escolar y todos nos despedimos en aquella emotiva ceremonia de diplomas, las palabras de “que esto no se corte acá” y “va a seguir todo igual” parecen haber sido voladas el viento, o sencillamente el tiempo las ha borrado por completo de la memoria colectiva.
Se afirma que las amistades no eran lo que aparentaban sino que en su esencia eran temporales, convenientes y frívolas, a pesar de que no las veía así.
Los verdaderos amigos ahora se cuentan con los dedos de una cansina mano, y con suerte, tal vez con las dos, y esto realmente decepciona.
Las semanas ya no se tratan de planear los viernes y sábados, y a que fiestas ir, o con quien uno debe ser visto, sino que están cargadas de tareas, responsabilidades y aterradora libertad.
Las decisiones que tomo ya no son minúsculas y remediables, sino que se han transformado en juicios trascendentales que definen una o muchísimas cosas, y nuestro estado pendula en ellas, en vez de las del resto.
El rebaño ya se disipo y no puedo esconderme mas entre la multitud cuando la cabeza requiere descanso o me mande una cagada que no conviene revelar.
Aparecen necesidades, desconocidas en épocas ya lejanas, que urgen por satisfacerse, y realmente requisito desahogarme de vez en cuando, tener a alguien sobre quien apoyarme, ser escuchado cuando la garganta explota y encontrar un espacio tranquilo y pacifico; mientras que antes simplemente buscaba estar bien con la gente que me rodeaba, pues mi conformidad se reflejaba en ello, ahora busco estar bien yo y cuesta mas divertirse y divertir al resto.
De la mano del reloj viene cierta sabiduría que se refleja en cambios, en dictámenes, en uno y su mundo.
Al ver como las cosas se “desmoronan”, como las amistades no eran amistades, encontrarte desdichado en la facultad a la que vas y notar que el contenido de la carrera que elegiste estudiar no tiene nada que ver con lo que vos pensabas, llegar cansado a tu casa y verte desganado e insatisfecho, y cuando realmente te pones a recordar como antes al visualizarte en 10 años tenias todo resuelto y ahora hay un gran espacio en blanco que desespera por llenar, y las preocupaciones aparecen con la simple y cotidiana pregunta que: “que pasa si hago esto?”, al sentir todo esto que en mi adolescente cuerpo no sentía, se empiezan a disfrutar mas las cosas sencillas, simples, que antes estaban y ahora escasean, y cuando se llevan a cabo le agrandan a uno el corazón.
Siento mas los cafecitos con un amigo, las caricias, los paseos con caras conocidas, los mensajitos cariñosos, ver que la persona al lado mío disfruta mi compañía, las películas de los sábados a la noche en mi cuarto rodeado de gente que quiero o simplemente levantarme de buen humor, optimista, abrir mi atrancada y oscura ventana y convencerme de que este va a ser un buen día.
No voy a negarlo, por momentos extraño mi antiguo yo, despreocupado, arrogante e inconcientemente feliz, pero al ser mas grande veo las cosas de manera diferentes, absorbo mi alrededor y siento, sintiendo, el imperioso deseo de ser existencialmente feliz.

20 de junio de 2010

poder decir adios es crecer

26 de mayo de 2010

inconciente adolescente

siento que esa inconciente felicidad, esa inmadura alegria que abundaba en mi vida se acabo.
Los cambios de rubro, horario, relaciones, estilos y vida han demolido los pilares que construia para soportar el equilibrio buscado y tan deseado.
Solo quedan las ruinas de aquellas ideas, escombros de las columnas que mi inconciente adolescente no supo soldar...

16 de abril de 2010

tiempo

El tiempo se escurre en mi vida, pasa sin ser percibido, se esfuma, desaparece en el caos del día, se lo roban.
Los relojes se mueven, marcan su pulso en silencio y se llevan las horas que tengo, mis minutos, mis momentos.
Los cuerpos transitan, los colores cambian, la vida rota, y sin darse cuenta, pasa.
La conciencia habita despreocupada, hace y deshace a su gusto, sin detenerse a pensar en el tiempo, ese determinante aspecto que no se puede modificar, ese controlador absoluto que con sus reglas marca los comienzos e, inevitablemente, los finales.
El tiempo no frena, sigue, sin nunca pensar, en cuanto daña.

15 de abril de 2010

jamas me entendiste
y no lo pretendo