1 de marzo de 2010

espacio

la verdad me siento raro
acabo de terminar de desarmar absolutamente TODO en mi cuarto y de sacarlo del mismo. repisa, fotos, tv, espejos, cuadros, biblioteca, cama, todo.
mañana empiezo a pintarlo y a cambiar algunas cosas del mismo, y para hacer eso tuve que poner todo lo que habitaba el mismo en el living. y a medida que lo hacia, me fui encontrando con fotos, papelitos y cartas que me has dado o hecho, y cuando veia alguna de estas 3 cosas, las ponia en una de las esquinas de mi cuarto, que rapidamente se fue llenando; y recien, al terminar de vaciarlo completamente, me sente en el medio del mismo, vi las paredes vacias, los pisos amplios, y me encontre solo, con todas esas cosas que alguna vez me diste e hiciste, y me senti vacio.
me senti como mi cuarto.
senti como si antes hubiese sido un espacio lleno de cosas, de muebles, sentimientos, espejos, secretos, acciones, y de repente me hubiesen vaciado, hasta quedarme en blanco, siendo lo que es en este momento mi cuarto, lo que soy yo: un espacio que espera ser llenado.
y a pesar de que necesitaba este cambio, y que yo lo busque, ahora que veo mi cuarto vacio, y me conecto con el, y siento como el, me arrepiento.
habre hecho mal?
en mi pecho se siente el mismo eco que estas paredes reciben cuando digo alguna palabra para no sentirme tan solo, encerrado en mi mismo, en estos cuatro muros que recubren mi esencia.
todavia no entiendo que paso; como se acabaron las ganas de buscar una solucion; como la resignacion fue absoluta.
el silencio es abrumador, y solo lo corta mi mente, que al seguir viendo tus palabras, tus dibujitos, las fotos, piensa, llora y extraña, todo ese tiempo en el que el espacio entre nosotros era nulo, en el que mi cuarto tenia color, en el que mi centro estaba lleno.

7 de febrero de 2010

deseo

Deseo fervorosamente encontrarte, sencillamente abrir mi ventana y descubrirte sentada en tus pensamientos, emanando gracia en mi verde jardín, al cual con tu tono empíreo elevás hasta donde lo bíblico es real, lo soñado cotidiano.
Fantaseo con tu materia, tus ojos besándome mientras tu amor me mira.
El rayo de sol te aclara, a medida que una grisácea ventisca revuelve tus cimientos, haciéndote mágicamente sonreir con la mirada.
Mi mente esta paseando por las imágenes, responde por básico instinto, pero no se halla, simplemente surca con tus llanos recuerdos.
Tonta, no razona y desprotege el pecho, su interior, su organo esencial, y comanda las órdenes que el cuerpo animal obedece imperiosamente.
Mi espíritu se impacienta a medida que las cerraduras de la ventana se abren como nudos desatados, naciendo una rendija de luz, un espacio claro, que crece apocado.
La mente carece de espera y mis manos abren raudamente en su totalidad la lumbrera.
El corazón se emociona, lo siento latir con agria esperanza, sonrie.
La vista se agudiza y se desvía, se confunde al no verte en el pasto, en la silla, en el aire que toco.
La mente no comprende y se corrompe en la resolucion, en el vacio.
Se pierde
El corazon ya no sonrie, emite pequeñas lagrimas, y en silencio, al no tenerte, se apaga.

31 de enero de 2010

balbuceos

la felicidad es un momento, un instante, una sensación, un pensamiento, una pantalla, una creencia, una incredulidad, un estado.
la felicidad es el cuerpo, es la carne, es el instinto, es lo bajo.
la felicidad lo es todo.
la felicidad no es nada...

alado

miro hacia mis hombros
percibiendo lo moderno
mientras se extienden a lo largo
cargadas de seguridad.
mi interior esta envuelto
en un manto de hastío,
mis alas lo comprenden
y acatan y comparten
y justo cuando miro
justo cuando pienso
se lanzan a la nada
en un vuelo, perfecto.

10 de enero de 2010

plegaria

El calor es absoluto, mis poros parecen tapados por un manto invisible que les impide respirar y convierte mi cuerpo a un estado recalentado, necesitado de viento que lo despeje y refresque, algo que lo aireé. Del frío no hay ni rastro y hasta los grillos se suicidan ante las agobiantes temperaturas que la deidad nos brinda, el silencio del verano es total y el estrellado cielo quita cualquier esperanza de una revitalizante lluvia. Completamente sofocado siento el sudor que emerge y cae por mi frente, y cierro los ojos rogando a alguna fuerza divina que nos regale algunas gotas.
De repente el cielo se cubre de un intenso tono violáceo y suenan poderosos relámpagos que traen la esperada tormenta.
El temporal suena contra el suelo, y rápidamente el ambiente se humedece, se moja, y sin darme cuenta, se inunda. El agua cae del enfadado firmamento en cantidades abismales, litros y litros atestan el suelo, subiendo el nivel de la misma, cubriendo el piso, los pastos, la galería.
Me envuelve hasta el pecho en cuestión de segundos y comienzo a inquietarme al percibir que el agua no cesa, y pierdo de vista la mesa, las sillas, al mismo tiempo que comienzo a flotar en el torrentoso río que se ha formado en mi jardín.
Acaricio las rojizas tejas que recubren el techo de mi casa y observo que el agua sumerge todo hasta el horizonte, limite de mi mundana visión.
El verano parece haber desaparecido entre tanto líquido, y mi cuerpo comienza a temblar a medida que su temperatura desciende hasta la del agua que lo rodea, que lo moja, que lo cubre. La misma sigue avanzando y pierdo de vista cualquier techo, hasta las copas de los árboles desaparecen ante semejante tempestad.
Harto de los reclamos de la gente, la fuerza natural que controla el destino y comunmente llamamos dios satisface los reclamos de humedad y frío, y divertido observa la desesperación de las personas que minutos antes lo maldecían por semejante ola de calor.
Se levanta ante mis ojos un océano, un mar que deja atrás el suelo que conocíamos y las cosas tal y como las veíamos, una masa de agua natural, una respuesta a los rezos que tontamente realicé.

22 de diciembre de 2009

soberbia sensacion

Cansado camino por la grisácea avenida, mirando a mí alrededor con cierta arrogancia, brindando miradas superiores, pero a pesar de la postura, el interior esta contradecido, al extrañar pero avanzar.
Los pasos se dan casi con tono musical, puedo sentir los acordes de la distancia.
Siempre jugamos a cambiar, pero ninguno de los dos penso jamas que llegaría a tal punto.
A medida que la acarreada mente recoge recuerdos aparece bruma en el espacio, acortando mi vista.
Se genera un espiral mental, un vacío infinito en el cual ella se sitúa, me acompaña, me toca.
La extraño, la deseo, la echo.
Anhelo su calor, su eufórica demostración que brindaba una efímera sensación de compañía, llenándome.
Incrementa mi pulso, se nubla mi frialdad, y sujeto su recuerdo.
Caigo en la realidad, y siento la necesidad de abrazarla.
Reanudo los pasos, mientras que mi campera recibe los dulces golpes del viento con estilo, no se inmuta.
Las casas, personas, autos, arboles, pasan ante mi en blanco y negro, mi tiempo carece de color.
Mis manos se protegen en los escondidos bolsillos del blazer verde, adoptando una pose aun mas soberbia.
Nunca la entendí y jamás me entendió, nuestra relación se basaba en la incoherencia de lo erróneo, lo animal de nuestro ser, lo básico, lo impulsivo que habitaba (¿habita?) nuestro ser.
Se confunden mis recuerdos, lo real de lo imaginario, la verdad es tan relativa.
Cada vez hay menos luz en mi camino, el blanco sol se va apagando oscureciendo el ambiente.
Camino con ese aire de grandeza que me caracteriza, y golpea mi nuca fríamente el final, ese espontaneo adiós que liquidó el amor, agotando mi paciencia.
Freno secamente al ver una silueta que me es conocida, paseando despreocupada a lo lejos, sin saber cuanto necesito su regreso.
Corro y observo lentamente como su figura se agranda, dejando de ser un cuerpo lejano, convirtiéndose en una persona a mi lado.
Le sostengo la mano y se da vuelta, sorprendida tal vez por la firmeza con que sujete esa extremidad que tantas veces acaricie inconcientemente.
Su mirada se pierde en la mía, y siento como una luz nos ilumina, nos irradia, nuestro amor crece, comienza, vuelve.
Sin embargo nuestras manos se sueltan, y ella sigue su camino, para yo volver al mío, recordando la promesa que nos hicimos aquella tarde, cuando nos cansamos de jugar, y finalmente entendimos, que quizás no es amor, simplemente, es pasión.

conversión

Cansado de mi faceta, decido virar.
Me relajo a medida que mi cuerpo se posa para dar comienzo a la eufórica transformación, ese inevitable y deseado cambio que rotará mi ser, brotando mi esencia y tocándola, sosteniéndola y girándola, dando a lugar el comienzo.
La luna me brinda la solitaria luminosidad en el ambiente, alumbra únicamente mi cuerpo que, tímido, empieza a generar ese verbo que tanto pavor le da a todos los hombres: mutar.
Mi lengua se ríe y mi nariz estalla, pero mi mente, calma y blanca, se divierte al sentir la variación de mi yo.
Siento el aire golpear en mi rostro, los jardines oscuros y encarnados me aprisionan liberándome de todo lo ajeno y protegen mi materia.
Mi pecho tiembla a medida que una radiante luz emerge del centro, mi centro que palpita una notoria abertura despilfarrada en tonalidades blanquecinas.
Levitando se escurre mi alma, dañada por la vida de mi cuerpo pero orgullosa, todavía, y se posa divinamente a un costado, observando los cambios, la transición.
Mis ojos la siguen a medida que sus iris se aclaran, logrando un radiante gris opaco.
Mi cabello se alisa y se alarga, cargado de osadía se apoya en mis hombros que lo reciben como suaves cobijas.
Mi corazón parece ser el único que no disfruta la sensible conversión, y late apesadumbrado, con pulso enjuiciado, discerniendo en mi necesidad carnal, la ineludible reforma que emigra repleto de veleidad sobre mi antiguo ser.
Mi cuerpo se agranda, mi confianza crece a medida que la transformación es absoluta, cargando de arrogancia mis venas, excitando mi mente llenándola de satisfacción y grandeza.
Mi psique, curiosa se adentra por el agujero en mi pecho, y estreno el cuerpo con la sensación más exótica, al ingresar mi espíritu en él y posarse en su medio.
Mi metamorfosis es completa, la luna, callada pero observadora, me ilumina con su matiz más puro, haciéndome sentir, por primera vez, uno.