6 de septiembre de 2012

olvidarme de todo ayer

Los ojos se desenfocan en un espiral mágico de infusiones caoba a medida que me pongo el blazer y pasás tus dedos blancos por mi espalda en un gesto que alterna la prolijidad de una profesional del amor y el cariño verdadero de dos corazones que se encuentran.
La noche fue agitada y quisiera olvidarme de todo ayer, pero la mañana nos recibe templada, con una calma climática que impregna de esperanza el comienzo de este camino que trazamos en búsqueda de una vida feliz.
Te ponés el vestido, tapando las curvas y marcas corporales de las risas nocturnas que horas atrás mi cuerpo le producía al tuyo. Encendés el ultimo cigarrillo de una cajetilla que se acabo pronto, demasiado pronto para una estabilidad emocional, y comenzás a echar humo por todo mi cuarto, sabiendo a cuestas cuanto me desagrada oler el tabaco quemado.
Nos miramos, sentados en puntos distantes pero directos mientras te preguntás a cuantas mujeres habré traído a mí casa, cuántas y cuáles habrán sido selectas para cruzar el umbral de privacidad que representa en una metáfora enferma la puerta de mi hogar.
Necesitarás toneladas de cariño y demostraciones afectivas, para las cuales nunca fui demasiado afanoso. Te dañaron de pequeña y tu infancia nunca pudo sobrellevar y curar la herida del alma. A todos nos cuesta respirar.
Debajo de toda la pose de mujer dura y segura de sí misma, que emana confianza con cada bocanada de nicotina, se encuentra una niña temblante cuan hoja otoñal, tímida y frágil de esencia.
Nos paramos y fundimos el uno con el otro en un abrazo que aliviana la presión. Ligeros flotamos entre sueños fugaces comunicándonos en un lenguaje divino, al que solo alcanzan elegidos por el agua pura del sentimiento real.
Los parpados se sellan y los labios se aprietan, los brazos pesados encadenados en la cintura del otro a medida que susurramos melodías entonadas. Alrededor vuelan fragmentos de nuestra memoria, bellos trazos que resplandecen en una incertidumbre oscura.
Miro el pasado, vuelvo del encantamiento que producía la vuelta y te digo la verdad: fui solo menos de lo que pude ser.
Me apretás la mano y te das cuenta que yo también estoy dañado.
Volamos y caemos, al suelo, a la realidad, a la mañana semanal que retrata la hora.
Nos desvestimos y acostamos en la seda. Comenzamos a jugar y recordamos, soñando y besándonos los labios.

Mejor no despertar.

28 de julio de 2012

tinta corporal

Me sacudo en medio de la cama, viajando en un trance que toma con una mano un sueño inyectado y la tortuosa realidad de la existencia con la otra.
Un ahogo ante la desesperación de una caída inconciente y despierto, mojado y sediento en una oscuridad de secretos.
Guitarras… guitarras de la noche invaden la carne y las pupilas se dilatan.
Carraspeos, una sonrisa silenciada y acordes equívocos nacen en el rincón más alejado de esta habitación perpetua.
Se prende un encendedor, destilando una luz cálida que rememora un momento kodak catalogado bajo la sección “sensaciones íntimas”, y se alumbra el rostro místico y rockero de aquel amigo incomprensible que todos tenemos luego de transitar los problemáticos y revolucionarios años de la adolescencia.
En ese instante, ante esa imagen que capsula toda la locura de la pesadilla etérea que es la vida, me doy cuenta lo que está pasando, y lo que va a pasar ante la sonrisa perversa de un individuo desquiciado por la negativa constante: me va a marcar.
He encontrado en lo profundo de mi orgullo la aceptación a la propuesta constante de tener dibujada en la piel un recordatorio de la memoria que invoque al pasado para disfrutar del presente y proyectar lo lejano, lo impensado: el futuro.
Luego de abandonar la cama, prender algunas luces blancas y dirigirme al cajón de excesos que guarda la ilegalidad de mi existencia en las básicas formas de polvos y plásticos, empapo la garganta con vodka y me siento al lado del individuo que, divertido, prepara sus armas.
Minutos después, cuando la botella rusa oscila el vacío que han dejado nuestros hígados embriagados, está listo para comenzar el ritual.
Me paro a su lado y le señalo la parte lateral de mi cadera, más fina y angosta que en momentos habituales. Los tragos amargos y tiempos tormentosos, acompañados de una dosis de dolor, se llevan, además del color del ambiente y momentos de calma y satisfacción, aquellos kilos que el estar bien atesora, porque ante la inmanejable tristeza y el paso represor de la depresión, el estómago se cierra y la comida pierde su sabor, sumándole a los problemas que vivir te genera una falta de apetito peligrosa que te enflaquece y golpea.
Coloca el pegajoso esténcil sobre la piel virgen y lo retira lentamente, comprobando que todas las letras se han pegado en su lugar.
Toma la aguja y me pica, de manera constante y eléctrica, dibujando una huella que el tiempo no podrá borrar.
Lo que en un comienzo molesta e irrita se transforma en una sensación excitante, una mezcla entre vértigo y vacío que carga de adrenalina mis venas pálidas.
Resulta placentero ver como esa eterna frase pronunciada por un artista alado y stereo se entierra para siempre en mi contorno, barriendo con cada letra la posibilidad de un atrás.

Una vez finalizado el proceso me miro al espejo, atontado por los efectos de la bebida, y sonrío, apagando nuevamente las luces y dejando el espacio en una negrura absoluta, tan negra como la tinta que observaré para el resto de mis días pintada en mi materia.

4 de junio de 2012

crónica de un recital al que no fui

The Horrors en La Trastienda El grupo de rock oriundo de Southend, Inglaterra se presentó el pasado Jueves a las 21 hs en el teatro La Trastienda por el marco de su gira mundial Skying Tour. The Horrors es una banda británica imposible de catalogar hacia un rumbo directo. En sus comienzos, allá por el año 2007 cuando sacaron su primer álbum titulado Strange House, mostraron un estilo post-punk que fue mutando en su siguiente disco Primary Colours hacia un sitio más oscuro, mezcla entre garaje y dark que le calzó a la perfección a Farris Rotter, excéntrico cantante con el que la agrupación cuenta. Finalmente, su último trabajo titulado Skying (que le da nombre al tour que los trajo a nuestro país) presentó pinceladas de un rock gótico y electrónico con el que alcanzaron un éxito comercial que se les venía negando. En este marco de espontánea fama mundial llevaron a cabo su debut porteño, en el modesto pero acogedor teatro La Trastienda ubicado en la calle Balcarce al 600. Las expectativas del show comenzaron en la fila que se da previo a todo recital, en el que los fanáticos se agrupan impacientes en los márgenes de la sala para aguardar que el momento llegue y las puertas se abran, permitiéndoles ingresar al auditorio. Una hora antes de la cita, a las 19 hs, la fila de espectadores, humilde y pequeña, comenzaba a impacientarse ante la negativa de los guardianes de los portones que con gesto adusto rechazaban cualquier ilusión de ingreso. Pasados 15 minutos, y ante la creciente cola de personas, comenzó el lento y pausado proceso de admisión al publico que entre cacheos y otras medidas de seguridad demoro casi tres cuartos de hora en concretarse. Al ingresar podía admirarse un teatro pequeño y oscuro, con un escenario en penumbras y numerosos sectores vacíos que tardaron más de lo previsto en llenarse. Luego de una eterna espera en la que no hubo ni banda telonera ni música de fondo, apenas pasadas las 21 hs las luces del escenario comenzaron a girar en un espiral multicolor, alternando matices azulados y rojizos, dando lugar a la entrada de The Horrors, encabezados por un tímido y narcótico frontman que automáticamente se paro en el centro de la escena, erguido en una pose que transmitía todas las sensaciones que uno puede encontrar en el variado repertorio de la banda que lidera. Con una voz oscura y grave saludó a los seguidores y pronunció algunas palabras inentendibles que fueron secundadas por un sonido áspero y sombrío de sintetizadores rudos que mutaron a un lugar más pop hasta entonar el particular riff de Mirror´s Image, tema con el que se abría el show. A medida que pasaba el tema y la voz de Rotter se hacía más y más oscura el sonido comenzó a subir hasta un nivel sublime y así se mantuvo durante Who Can Say y Can See Trough You, la faceta más alegre y bailable que se le puede extraer al grupo. Finalizado el frenesí desatado por los primeros 3 temas el ambiente bajó las revoluciones con Changing the Rain, un viaje sensorial de guitarras distorsionadas y coros robustos. Sin dejar de tocar, como si todo fuese parte de un gran y hermoso tema, empezó a sonar de manera hipnótica y mística Dive Inn, que sin previo aviso se transformó en Endlees Blue, un tema magnético y melancólico que depositó a los intérpretes y al publico en un estado oscuro y eclipsado. Sin avisar ni realizar el tradicional falso saludo, la banda abandono el escenario, poniéndole fin a la primera etapa del show. Llegando a las 21.40 hs la música volvía a sonar y Joshua Hayward, el andrógeno y enérgico guitarrista principal apareció en escena desgarrando el ambiente con acordes crudos y enfurecidos, entonando Sea within a Sea. Cerca de las 22 hs la banda presento Still Life, canción ganadora de varios premios y caballito de empuje con el que cuenta la formación, y durante los 6 minutos que se extendió, la voz de Rotter casi fue opacada por una audiencia acompañante y emocionada. Cuando el reloj marcaba una hora del comienzo, la banda emprendió la despedida entonando You Said, para momentos después cerrar con Moving Further Away, una faceta de melodía ambiental con la que la banda ha experimentado en los últimos tiempos. Así, dejando un sabor agridulce en la boca de los espectadores, los 5 muchachos lookeados en una combinación entre Robert Smith y Joey Ramone, abandonaron el escenario con un saludo gestual y un paso cansino y tambaleante. 70 minutos duró la presentación de The Horrors, que, inteligentes y egoístas, dieron lo justo y necesario para consolidar una sólida performance pero menos, mucho menos de lo que las 1000 personas que corearon sus nombres esperaban, garantizándose expectativas y ansias, por otro show más.

15 de mayo de 2012

el capricho

Recorrés el prado preocupada pero con emoción, excitada por la incertidumbre de un edén solitario y hermoso.
A medida que avanzás el entorno parece volverse hacia vos, observarte con delicadeza y un dejo de admiración.
Te encanta, te infla.
Arribás al arroyo más cristalino que hayas visto en tu vida y bebés el agua, tragando la frescura celestial de un creador generoso y publicitario.
Dispuesta a nadar en aquella laguna de paz, atinás a sacarte la ropa que cubre tus curvas, pero al bajar la mirada te das cuenta que estás totalmente desnuda, expuesta a cualquier mirada inquisidora y espía que busque en tus texturas placeres indebidos.
Amagás a cubrirte pero una pícara sonrisa se dibuja en tus labios: fantaseás con que admiren tu cuerpo, que alguien en este gran mundo blanco pervierta su pureza con tu línea y se acaricie pensando en tu piel.
Te zambullís en el líquido y comenzás a dar largas brazadas hasta que de repente notas un movimiento, una silueta, y finalmente, un rostro mirándote a metros de la orilla detrás de un arbusto a medio esconder.
Actuás, pretendés que no notaste al muchacho que se droga al verte saltar en el agua.
Te dirigís por un instinto desconocido en este presente sin ayer. La fé es algo superficial y te sentís una estrella mientras seguís con tu mano una exploración animal de tu belleza.
El hombre, tímido y atontado, encara a tu zona con una actitud que combina confianza y duda.
Tu cara vende deseo y caminás hacia él, dejando caer el agua con cada paso y descubriendo tu cuerpo, que es analizado minuciosamente por la mirada extasiada del individuo.
La distancia se anula y la soledad parece algo lejano e impensado. El hombre alarga sus dedos hasta tu panza y vuela tu cabeza cuando toca tu alma.
La vida se llena de color, olvidás todo el odio que sentías en palabras calladas y te cargás de una esperanza lujuriosa digna de los animales mecánicos que en realidad son los hombres, mientras experimentás un dolor placentero que te hace tocar el cielo con las uñas.
Caminan juntos, de la mano y a la par por esta naturaleza nueva y fresca, cuando visualizás ese arbusto oscuro y prohibido que te pidieron no tocases al darte la entrada mortal. Guiás al muchacho y comenzás a jugar con la corteza, posándote distraída en la búsqueda de ser amada por un ente hipnotizado que deambula descostillado e igual.
Envalentonada por la adrenalina del pecado arrancás una manzana y le pasas tu lengua por su rojiza cáscara, calentando el ambiente y sacudiendo los cimientos.
Rodeás su cuerpo y le colocás el fruto en su boca, que sin dudar muerde con hambre carnal.
El espacio comienza a sacudirse, se tensa la creación y nacen ruidos góticos que anticipan el desenlace inminente.
Aparece un encapuchado distorsionado que sonríe mientras tira para arriba la manzana mordida y la ataja en su caída, jugando divertido con la transgresión de la falta.
De él salen bocanadas de humo negro que se disipan por la raza y viajan hasta la médula de una especie unida  y hedonista.

El mundo se ha pervertido, y todos padeceremos las consecuencias del capricho de esa manzana prohibida.

31 de marzo de 2012

bloqueo

El mundo ha perdido su gracia, estoy solo en un mar de gente y ruido que remite a una mudez blanca.
Mis ojos no ven a través de las membranas, se quedan, incapaces, con lo frívolo de una realidad aburrida e insulsa. Transito los días envuelto en una manta ambiental que me aísla de toda sensación, una pared en la que me apoyo para no sentir. He noqueado mis sentidos, podrías entenderlo si escucharas mis silencios.
Duermo despierto pero no sueño, es un lujo que no me puedo costear. En cambio permanezco, medio apagado medio encendido, en un reposo nebuloso en el que no caben 2.
Hubo un tiempo en el que perseguía con fervor una felicidad idónea, anhelaba despertar con ella, cantaba a la par de un dios estéreo y disfrutaba la belleza de respirar.
Quisiera saber por qué se quebró el cristal, cual fue el elemento que destruyó el prisma que coloreaba el camino.
Ya ni recuerdo su nombre, se desvanece la memoria que tanta fuerza hice para encerrar en un corazón que no resistió la presión y se endureció, ahogando un espíritu lagrimeante. No logro escuchar su voz, oler su aroma a luna ni sentir sus caricias medicinales.
Las cosas se desmoronaron, cambiaron de lugar. No te preocupes, he bloqueado el verbo y fortalecido lo frágil.

Esperame, teneme paciencia, me encontrarás cuando camine hacia la luz y pueda abrazarte, sintiendo todo lo que alguna vez pude sentir.

21 de febrero de 2012

canción para nadar

Se pinta de celeste mi cuerpo y distorsionan las formas ante una mirada mojada, sumergida. La belleza de la creación adopta una visión lisérgica: el agua nos droga.
Oigo las burbujas emerger de tu boca mientras tu garganta explota una verdad acústica.
Nadamos, alados en un mundo acuático y desenfocado, repleto de colores y sirenas.
No recuerdas el pasado, el amor lo es todo.
Te movilizas con una gracia divina y emulas la ninfa que en alguna vida pasada claramente fuiste. Te observo, maravillado ante tanta hermosura, y me doy cuenta que esta decisión ha afectado el curso de mi vida. Ya no puedo volver atrás, al que fui, al que volaba por las ramas, patinaba sobre polvos anaranjados y desataba remolinos entre lágrimas. Tome tu mano cuando me la ofreciste sin pestañar, calle el sentimiento libertino y me uní en un abrazo vegetal, echando raíces con nuestro amor.
Me invitaste a vivir en tu mundo líquido y deje de sentir las cicatrices, permitiéndole a las heridas descansar, ahogando el dolor. Disimulando mi sonido, rescataste mi sueño cuando ella lo había pisado, lastimando mi espíritu incierto. Besaste mis labios y me acompañaste en mis pasos, dejando 4 huellas en lugar de 2.
Das una pirueta siguiendo una canción que mi pasado todavía canta para hacerme saber que sigue ahí, que viví. Cada movimiento es un paso de baile que mantiene el ritmo de esta melodía que con tu armonía dibujas en mi memoria, permitiéndome recordar cuando la nostalgia cubre el sol.
Te acaricias el pelo y me sonríes, despertando cosquillas en un estomago sin hambre.
Suena el océano, siente Dios las campanadas de nuestro amor.
Las distancias se acortan y nos acariciamos, silenciando todos mis temores. Nos abrazamos y vuelan pájaros entre nosotros, aves submarinas de matices turquesas que nacen con cada gesto de sentimiento y nos rodean en un tornado de mar.
Tu sonrisa  gatilla el corazón y dispara tiros con cada latido.
Sin soltarme del brazo me indicas el camino, señalando con la mirada la profundidad del horizonte. No hay nada que pensar, mis piernas ya patalean con una gracia despreocupada el presente y desamarran mis cuerdas, acompañándote en un coro universal que colorea mi voz con la tuya.

Te acompaño y nos marchamos, nadando por las aguas del tiempo, unidos por la música que solo nuestras almas saben crear.

25 de diciembre de 2011

tiempos de guerra

A lo largo de la historia, las sociedades han cambiado, la cultura se ha profundizado, dioses cayeron y modelos se alzaron, quedando demostrado lo variable de los individuos en conjunto y el mundo que los rodea.
Siempre hubo enfrentamientos, batallas que librar, guerras en las que participar. Desde las disputas entre los pueblos cazadores en tiempos inmemoriales y previos al mismo Cristo, hasta la ambición de petróleo por parte de una potencia norteamericana, las razones para llevar a cabo una lucha parecen nunca agotarse. Y realmente creo que esto es una característica de nuestra especie, algo que llevamos impreso en la memoria de la raza y con lo que cargamos, sin importar el momento en el que estemos, o la evolución que se pueda afirmar que, como hombres, generamos.
Son innumerables las batallas por las que el mundo ha pasado y los motivos que las han generado, desde guerras a nivel global (Primera Guerra Mundial 1914-1919 y Segunda Guerra Mundial 1939-1945) realizadas por orgullos nacionalistas o sentimientos antisemitas, hasta enfrentamientos entre países hermanos, limítrofes o mismo guerras civiles en las que compatriotas luchan entre sí.
Las bibliotecas se han llenado con libros de historia cuyo fin es dejar impreso lo sucedido para que no se vuelva a repetirse lo pasado, aprender de los errores que como hombres hemos cometido, pero la violencia sigue latente y siempre encuentra un lugar por donde ingresar.
“La guerra siempre es el transporte, hasta para pedir paz” narraba el sociólogo y experto en la materia, Juan Martín Lopez, frase que sintetiza lo expuesto previamente, y nutre al pensamiento que deseo plasmar.
Los enfrentamientos bélicos son un estado completamente abominable, un genocidio sin sentido pero permitido, al que el hombre parece siempre verse atraído, sin importar la causa o la consecuencia.
Las sociedades transitan, los tiempos cambian pero la guerra permanece, expectante, esperando que dos partes se peleen y pueda comenzar el festival de balas.